Negro con manchas blancas repartidas de forma parecida, lo adoptamos con todo el cariño para mantener a nuestra anterior mascota como si hubiese regresado a nosotros.
Pasó el tiempo y el cachorrillo creció con nuestra natural decepción de que siendo igual al Buchichi en casi todo pero no en el tamaño, que resultó ser un perrazo enorme.
De cachorro le puse el nombre de Boliche y cuando a los pocos meses mi padre lo vio tan crecido dijo: ¡este perro nos ha engañado, es un infame!
Y desde entonces se quedó con el nombre de “Infame”.
Esto sería más o menos unos dos años antes de ingresar yo en el ejército en 1957; dos años después muere mi padre, todos emigramos a Madrid quedando en el pueblo mi hermano Pepe con su familia y por supuesto “El Infame” con ellos.
Pasa el tiempo, yo voy a Calatayud, asciendo a Sargento, vengo destinado a Villatobas donde encuentro un trabajo para mi hermano Pepe, pocos meses más tarde se trae a su familia y deja al “Infame” definitivamente al cuidado de unos vecinos que lo adoptaron.
Y que pequeño es el mundo... insignificante para un sabueso.
Un día que salí de paseo a Aranjuez me encontraba sentado a la mesa de una terraza con unos compañeros, cuando de pronto vi a lo lejos un perro muy parecido al Infame, tan parecido me pareció que no pude contener la tentación de acercarme a él y llamarle por su nombre; el pobre animal nada más oír mi voz se lanzó y comenzó a darme lametones por toda la cara como si el tiempo no hubiese pasado para él. Con grandes aspavientos, lametones y alegrías me siguió hasta la mesa donde lo presenté a mis compañeros y nos pareció extraño y eróico que el pobre animal hubiera venido desde el pueblo de Jaén caminando más de 300 kilómetros.
Hacía más de seis años que no me veía y mi hermano Pepe llevaba casi un año viviendo en Villatobas. ¿Cuándo se escaparía el animal y cuanto tiempo tardó en llegar?. Nadie lo sabe.
El pobre chucho no se separó de mí en toda la tarde hasta las diez de la noche que tomé el coche de internos que me trasladaba a la base y al pasar por Villatobas me apeé y dejé al animal en casa de mi hermano que lo acogió con la consabida alegría de toda la familia y vivió con ellos hasta morir de viejo.
Poco tiempo conviví con este animal pero por el solo hecho de la hazaña realizada, merece la pena que le tenga en cuenta aquí y no le olvide nunca jamás, aunque solo sea por la nobleza y amor a sus amos.
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