jueves, 29 de noviembre de 2007

En el pueblo se celebraban muchas fiestas, patronales y solemnes, todas ellas con entusiasmo, jolgorio, alegría y gran devoción.
El Día de la Cruz, el de mayor devoción se celebraba en el mes de mayo en honor al patrón del pueblo (Cristo de la Vera Cruz). A las doce empezaba la ”misa mayor” que era concelebrada por el obispo y un montón de sacerdotes y monaguillos; con cánticos, coro y órgano incluido. Tenía una duración de dos horas y en la mayoría de ocasiones varias personas sufrían desfallecimientos y mareos debido al ayuno que era obligatorio guardar para recibir la Comunión desde las doce de la noche del día anterior, añadido a la falta de alimentos de aquellos tiempos se presentaban muchos de estos casos a los que evacuaban a la calle, se les reanimaba y una vez recuperado volvía a ocupar su sitio en la ceremonia.
Todo el mundo lucía sus mejores galas para estas ocasiones; Las mujeres usaban velo en la cabeza y manguitos en los brazos pues estaba rigurosamente prohibido llevarlos desnudos, a la salida de la iglesia se los quitaban; Los hombres se ponían su mejor traje, zapatos nuevos y corbata, que en la mayoría al tener solo uno, sus esposas se lo limpiaban con gran esmero y lo lucían nada más en las ocasiones especiales, si te fijabas bien podías observar a algunos hombres de clase muy humilde que lo llevaban bastante remendado pero con unos cosidos increíblemente bien hechos; a las mujeres y niños les ocurría lo mismo, y los ricos del pueblo eran los que normalmente estrenaban las prendas de vestir en todas estas ocasiones especiales que cuando eran desechadas las heredaban sus criados, pasando posteriormente a los más pobres.
Por la tarde tenía lugar la procesión del Cristo que era grandiosa, vistosa y muy celebrada, con disparo de cohetes, música interpretada por la banda municipal con himnos propios del acontecimiento religioso y todo tipo de parafernalia, repicando todas las campanas al vuelo mientras duraba la ceremonia. A mí me encantaba asistir y participar en sus desfiles que se organizaban de la forma siguiente: En primer término aparecía un estandarte de vistosos colores y pendones bordado a mano, a continuación se formaban dos largas filas de hombres y mujeres portando sendas velas o cirios encendidos, por el centro de la calle entre estas dos filas se colocaban los penitentes que hicieron alguna promesa y los había de todo tipo: descalzos, caminando de rodillas, portadores de cruces, otros con cadenas atadas a los pies y los que más me impresionaban eran los que llevaban el cuerpo desnudo de mitad para arriba y se arreaban golpes con unos látigos fabricados por ellos mismos a base de cuerdas o pestugas de olivo, a continuación venia la banda de música con sus entonaciones religiosas acompañadas por un coro mayormente compuesto de hombres que pertenecían a una organización llamada Acción católica, seguidamente aparecía el Trono o Altar preciosamente engalanado con grandes candelabros de plata y preciosos ramos de flores, predominando las rosas y azucenas despidiendo un aroma dulzón y agradable el cual nos llegaba a los niños que justamente desfilábamos detrás vestidos con nuestras brillantes galas de Primera Comunión: unos de marinero, otros de almirante y los más humildes con un traje de calle muy normal, (yo iba de marinero), las niñas corrientemente casi todas llevaban un vestido parecido a las novias, lleno de encajes y volantes, escasamente alguna vestía de monjita, íbamos niño con niña y cogiditos de la mano, muy ordenados y en silencio que casi nunca respetábamos pues el que más o menos se ponía a cuchichear o a reír de alguna tontería, aquí era donde yo aprovechaba la ocasión para tomar de la mano a la niña de mis sueños y deseaba que la procesión no terminara nunca. Cerraba el cortejo la comitiva de autoridades eclesiásticas, civiles y militares, encabezados por el Obispo de la provincia, el Prior, Párroco, el Alcalde con su bastón de mando el Capitán de la Guardia Civil, seguidos por todos los respectivos subordinados: curas, concejales e invitados en general. ( a estos últimos los llamaban “los huelepedos” por eso de que iban en la retaguardia ).

Otra procesión muy vistosa y de gran colorido era, y aún lo sigue siendo, la del CORPUS CRISTI que se celebraba en el mes de junio, muy parecida a la anterior por su solemnidad y características parecidas con la diferencia de que en esta se rinde culto a la Eucaristía y está catalogada como la tercera en toda España después de Toledo y Granada, por su belleza, solemnidad y por la forma que tienen en decorar todas las calles por donde ha de pasar la comitiva, bellamente engalanadas con alfombras de pétalos de flores formando preciosos y artísticos dibujos, colgantes, estandartes, pendones, banderas, macetones con bellas plantas y toda clase de adornos por los balcones y colgando de parte a parte de las calles, otorgándose cada año un premio a la mejor decorada.

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