martes, 27 de noviembre de 2007

Un frío domingo de diciembre por la tarde salí con mi hermano a dar una vuelta y nos metimos en uno de aquellos salones de baile, nada más entrar y pedir el “pelotazo” de costumbre para entonarme, desde el mostrador eché un vistazo y allí la vi; con una carita reluciente y sonrosada, media melena encantadora rozando un suéter blanco y llena de juventud charlando animadamente con unas amigas.
Nunca fui un buen bailarín, creo que debido a mis pies grandes y con esos bailes de aquella época, lentos y marcando el paso; que si dos a la derecha y uno a la izquierda etc, me hacía un lío y casi siempre pisaba a mi pareja, me defendía pero siempre he preferido estar sentado a una mesa o en un lugar tranquilo y charlar.
Me acerqué a ella observando que cuanto más cerca estaba más guapa me parecía y deseando conocerla me atreví a pedirle un baile que aceptó sin titubear.
Hicimos nuestras presentaciones, su nombre me gustó pero me pareció algo joven, tenía 17 años para cumplir 18 en abril, yo tenía 24 y aparentaba más por haberme dejado un bigote enorme que me hacía algo mayor.
Al rato fuimos a sentarnos a la mesa donde la esperaban sus amigas, no paramos de hablar en todo el tiempo notando que era mucho más culta que yo y muy educada, quizás me acomplejé un poco al darme cuenta de que no llegaba a su altura a pesar de seguir la conversación con soltura debido a mi experiencia y poco a copo se me fue quitando el complejo.
A la hora de salir me ofrecí acompañarla a su casa, tomamos un autobús y a tres manzanas de su domicilio entramos en una cafetería donde nos sirvieron un refresco y continuamos la charla.
Noté algo distinto a las otras chicas que había conocido desde mis primeros pasos desde que llegué a la Escuela de Transmisiones, Aragón, Aranjuez y sus alrededores.
Poseía algo muy distinto que me gustaba y pinchó con fuerza en mi corazón.
Le rogué que me diera su número de teléfono para otra posible cita, no tenía boli para anotarlo y lo fui memorizando hasta llegar a mi casa donde ya me lo había aprendido de memoria. Nada más llegar la llamé, no sé si para comprobar que no se me había olvidado o por las ganas que tenía de oír de nuevo su preciosa y timbrada voz; Después de hablar unos segundos me senté a cenar con mi madre y mi hermano que me miraron y me dijeron que tenía cara de gilipollas; Les narré algo de lo acontecido y me retiré a la cama en la que tardé algún tiempo en dormirme intentando recordar su cara, la que se me presentaba bastante diluida pero me quedé profundamente dormido con una dulce sensación como nunca antes había sentido.
Al día siguiente que tenía libre volví a llamarla y quedamos en vernos a la salida del Instituto donde terminaba el bachillerato; paseamos un par de horas por las calles céntricas de Madrid y la acompañé a su casa.
Al día siguiente regresé a la Base y la llamé de nuevo; hablábamos casi todos los días, tuvimos otras encantadoras citas y al poco tiempo nos hicimos novios.
Estaba muy ilusionado, cuando me encontraba lejos de ella cerraba los ojos y la veía perfectamente, soñando y con el deseo de estar siempre a su lado.
Nuestras salidas eran muy simples, pasábamos la tarde en una cafetería jugando a las cartas o a los dados, realizábamos alguna excursión a la Casa de Campo, íbamos al cine y algún domingo nos metíamos en una especie de discoteca que se llamaba ALEXANDRA CLUB, un lugar especial para parejas, muy íntimo y acogedor donde se bailaba al son de melodías lentitas para enamorados.
Allí nos dimos nuestro primer beso y nos comprometimos en algo realmente serio, empezamos a pensar en boda, me presentó a su familia y a partir de ese momento nos pusimos a ahorrar para comprar los muebles y hacíamos planes con nuestra futura vivienda militar en la Colonia de Aviación de Aranjuez donde pensábamos vivir, al poco tiempo me entregaron la casa que estaba un poco deteriorada y rápidamente con mucha ilusión nos pusimos a restaurar y acondicionar para tenerla lista lo antes posible.
El 15 de mayo estaba totalmente terminada, fuimos toda la familia para limpiar y el 6 de junio de 1966 nos casamos en la Iglesia de Nuestra Señora de La Paloma que pertenecía a su distrito.

La boda resultó muy bonita y concurrida por muchos invitados: miembros de ambas familias compañeros míos y muchas de sus amigas, fue oficiada por el Capellán de la Base, a continuación después de la lluvia de arroz y pétalos de flores a la salida nos dirigimos a un hotel donde se celebró el banquete. Estaba radiante, guapísima y encantadora, en más de una ocasión alguien me daba un pisotón o codazo porque la miraba embobado y cayéndoseme la baba. Ella como siempre con los colores sonrosados de su linda cara y sin apenas maquillarse.

No hay comentarios: