jueves, 29 de noviembre de 2007

Eduardo el panadero era un hombre muy singular, cachondo y alegre, me recordaba a Sancho Panza, bajito y regordete, en todas las fiestas participaba con el mayor entusiasmo, por navidades tenía la costumbre de formar una especie de charanga la cual encabezaba montado en un burro y tocando una inmensa zambomba confeccionada por él mismo con un enorme puchero de barro que abultaba tanto como su barriga y una piel sin curtir que la tensaba al fuego para que retumbase mejor y con más fuerza. En un serón portaba las viandas y otras cosas como una buena bota de vino para calentarse y escupir en su mano dándole mas vigor y precisión a su instrumento.
Por los carnavales siempre montaba una comparsa, cada año de distinta manera y disfraces diferentes, graciosos y extravagantes. Eduardo tenía un hijo que se llamaba Lorenzo, era locutor de Radio Villacarrillo, (muy bueno por cierto) perteneció a la plantilla de la Cadena SER . En la emisora local se emitían seriales y concursos radiofónicos en los que en alguna ocasión participé ganando varios premios uno de ellos cantando un pasodoble español que mi hermano Pepe había escrito para tal evento cambiando las letras del original y poniendo la publicidad de una tienda de comestibles y decía así:

CON UNA NAVAJA, Y UN BUEN PANECILLO
A CASA MIRALLES ME DIRIJO YO
LE PIDO JAMON Y UN BUEN CHORICILLO
ME DOY UNA INCHÁ QUE VÁLGAME DIOS.
LUEGO CUANDO SALGO ME DICE LA GENTE
QUE HACES MONTEJO PA TANTO ENGORDAR
PUES SI NO LO SABEN YO SE LO DIRÉ
A CASA MIRALLES VALLAN A COMPRAR
(Estribillo)
AY MIRALLES TE QUIERO
PORQUE TIENES EN TU TIENDA
LO MEJOR DEL MUNDO ENTERO
AY MIRALLES TE QUIERO
PORQUE TIENES EN TU TIENDA
DE TODO LO QUE YO QUIERO
AY MIRALLES TE QUIERO
PORQUE COMPRANDO EN TU CASA
TU ME AHORRAS EL DINERO
TU ME AHORRAS EL DINERO
POR ESO SIEMPRE ME ALCANZA LA PAGA.
YO COMPRO TOCINO, GARBANZOS Y HABICHUELAS
YO COMPRO EL AZUCAR Y COMPRO EL JAMON
POR ESO MI MADRE A MI NO ME REGAÑA
PUES SIEMPRE LE LLEVO TODO LO MEJOR..
(Estribillo)
SI SIGUEN USTEDES MIS BUENOS CONSEJOS
A CASA MIRALLES VAYAN A COMPRAR
PUES TIENEN DE TODO Y AHORRAN DINERO
Y VERAN QUE VIDA SE VAN A PEGAR..
(Estribillo) y fin


Yo nunca he tenido buenas habilidades para la escritura, cometo faltas y me resulta muy difícil saber donde he de colocar los puntos y las comas, no obstante, creo que podéis entenderme. Menos mal a este programa de ordenador que me facilita los acentos y corrige las faltas de ortografía, aunque a veces, al tener los dedos tan grandes piso un par de teclas y tengo que arreglarlo.
Tengamos en cuenta que mis estudios básicos han sido muy escasos, a los catorce años dejé la escuela por obligación pues a esta edad se terminaban los estudios primarios y si no cursabas bachillerato era obligatorio dejarla, además con la agravante de haber sido interrumpida en varias ocasiones por las circunstancias, teniendo que recuperar el tiempo perdido a marchas forzadas para ponerme a la altura de los demás, la poca cultura que poseo la he adquirido con el paso de los años y la experiencia, en aquellos difíciles tiempos a la mayoría de los niños los sacaban del colegio antes de terminar para ocupar algún trabajo y ayudar a su familia y raro era el que aguantaba hasta terminar la Primaria, muchos menos eran los que cursaban el bachillerato que estaba reservado para los privilegiados hijos de los ricos que podían permitírselo resultando la mayoría unos vagos y poco estudiosos, por lo que en la actualidad muchos de ellos pululan sin oficio ni beneficio después de comerse la herencia de sus padres.

Quizás por ser el más pequeño de los hermanos estaba muy poco enterado de la vida de mi padre y su profesión; sabía que en aquellos momentos era fotógrafo, pero de oídas por boca de mis hermanos y de mi madre, la que muy poco hablaba de él, sabía que había practicado varios oficios entre ellos el de periodista, era muy culto y sabía hacer de todo, desde enseñarte a clavar un clavo correctamente, hasta inventar algún artilugio interesante de uso doméstico y lo que más me gustaba de él era la forma que tenía de narrar historias muy interesantes sobre cualquier tema: de miedo, de aventuras, anécdotas de sus andanzas y cosas de sus tiempos, cosas muy lejanas que ahora nos parecerían casi de la edad media. Yo particularmente pienso que fue un hombre muy egoísta, pensaba más en sí mismo que en los demás; una muestra de ello es que cuando mi madre recibió su herencia, él compró “El Cortijillo” y nos llevó a todos a vivir allí, sin pensar que unos tenían edad de empezar a labrarse un futuro y otros teníamos que estudiar, en un lugar bastante apartado de la población, sin ninguna clase de comodidades, ni agua corriente ni luz eléctrica y lo que era más importante, ni un mal retrete para ir a hacer tus necesidades; campo, naturaleza, soledad y alejados de la civilización. Yo contaba con cinco años, Enrique tenía 13, Angelines 15 y el mayor que era Pepe tenía 23. Hacía poco tiempo mi madre envió a mis hermanas a Madrid con Tia Eloisa, un par de años después se casó Pepe y allí nos quedamos el resto: Papá, Mamá, Quique y yo. Fueron cuatro años muy difíciles, mi padre se ausentaba para atender a la fotografía y de tarde en tarde aparecía para traernos comida y cosas imprescindibles. El vecino más cercano estaba a unos 500 metros y había que cruzar el río, que en invierno a veces venía muy caudaloso y era imposible. Creo que vivía mucho de la fantasía y tenía algo de QUIJOTE. Mi madre consiguió convencerle para volvernos a vivir al pueblo y reanudar una vida mas o menos normal.

El trabajo de fotógrafo no era tan floreciente en aquellos tiempos porque casi nadie se retrataba, si había necesidad de comida como iba la gente a hacerse fotos que era un súper lujo y solo se las hacían en ocasiones excepcionales como en una boda, la 1ª comunión, algún soldado que se hacía la foto para mandársela a la novia o viceversa.
De vez en cuando mi padre se ausentaba por varios días en busca de trabajo por los pueblos cercanos, recuerdo que en una ocasión tardó unas tres semanas en regresar y en este intervalo no teníamos ni para comprar el pan, se habían agotado las existencias de la despensa con los productos de la huerta que cada año acumulábamos para pasar el invierno; un día se presentó un hombre para hacerse una foto de carné, encontrándome solo en casa en esos momentos le hice pasar al estudio para hacerle la correspondiente foto, la máquina estaba descargada, yo lo sabía pero también sabía que con el paripé de momento le cobraría la mitad del trabajo como era costumbre por adelantado, pues había el precedente de gente que después de retratarse no acudía a recoger sus fotos y nos la teníamos que tragar, de modo que le cobré cinco pesetas y ya pagaría el resto al recogerlas, cuando le entregué el dinero a mi madre me preguntó su procedencia y sin mediar palabra alguna me mandó rápidamente a la tienda más cercana a comprar una hogaza y unas sardinas arenques que nos supieron a gloria a la hora de la cena. Yo temía a mi padre a su regreso pues era un hombre muy severo y con mal genio pero no fue así, y no pudo por menos que echarse a reír y alabar mi ingenio añadiendo una frase que no he olvidado: . Cuando el buen hombre vino a recoger sus fotos mi padre le dijo que habían salido mal echándole la culpa al niño, le repitió la foto pero esta vez con la cámara cargada que entregó al señor ese mismo día para dejarle contento.

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