Nuestras primeras vacaciones las pasamos en el pueblo de Segovia (Cabañas de Polendos), donde fuimos para conocer a la familia que estaba repartida entre esta pequeña localidad, Cantimpalos y Turégano.
La aldea tenía unos 20 vecinos la mayoría labradores y ganaderos, casi todos pertenecían a la familia aunque el parentesco fuera lejano.
Era un lugar aparentemente pobre con una iglesia casi en ruinas y paisajes bastante monótonos, con un inmenso prado surcado por un riachuelo, algunas matas en sus orillas y pequeños grupos de escasos árboles, todo lo que alcanzaba la vista estaba sembrado de cereales que en aquellos momentos se estaban cosechando: trigo, cebada y grandes extensiones de girasoles.
Allí vivían su abuela Juana y un hermano de su madre (tío Mariano) con seis hijos; familiares muy cariñosos, amables y acogedores al igual que la familia de Cantimpalos donde habitaba la familia de su padre. En Turégano estaba tía Amparito y su esposo tío Glice, aficionado a la caza y la pesca con el que pasaba buenos ratos pescando por aquellos contornos y reanudé mi afición a la pesca; me hice con los artilugios necesarios y con unos amigos de allí comencé mis primeros pasos en la pesca de la trucha que siempre me había fascinado.Nunca he sido deportista pero la pesca siempre me ha gustado y la he practicado con entusiasmo y una gran afición viviendo momentos emocionantes resultando sumamente relajado, respirando aire puro, admirando preciosos paisajes y lugares escondidos donde se encuentra este preciado pez que lanzando el cebo sobre las pozas y chorreras, persiguiendo la pieza más grande y atrapándola con entusiasmo, que una vez enganchada en el anzuelo, la lucha entre pez y pescador es realmente apasionante; Normalmente es el pescador el vencedor de esta batalla que la saca a la superficie mostrándola a sus compañeros como el mejor de los trofeos.
martes, 27 de noviembre de 2007
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