jueves, 29 de noviembre de 2007

Nunca he comprendido como siendo tan profundamente miedoso, siempre me atraía todo lo relacionado con los muertos, fantasmas, tumbas y el más allá. Cuando ocurría algo extraño en el pueblo o sus alrededores yo nunca faltaba a la cita para estar en primera fila.
En cierta ocasión estaban trabajando con una enorme escavadora haciendo un foso para instalar un depósito de agua, la máquina tropezó con algo extraño, continuó excavando con mas precaución y comenzó a aparecer un sinfín de objetos extraños mezclados con huesos humanos: armas, escudos, lanzas, espadas, monedas etc., de origen romano. Inmediatamente el capataz ordenó paralizar las obras, las que permanecieron varios meses suspendidas para que los especialistas del Museo Arqueológico de Madrid extrajeran el resto, clasificarlo y llevárselo en grandes cajas.
En otra ocasión estaban practicando otra excavación para el desvío de una carretera y se toparon con dos tumbas fenicias, fue un hallazgo muy importante y al igual que en la anterior los de Madrid se lo llevaron todo; también esta vez me encontraba en primera fila observando fascinado el modo de trabajar de aquellas enormes máquinas y pude presenciar casi todas las operaciones desde el momento de abrirlas, con la emoción de todos los presentes en un momento tan importante y pudimos observar muy de cerca su contenido una vez abiertas; las tumbas estaban protegidas por grandes piedras bien talladas y en su interior había sendos sarcófagos de plomo o mineral parecido, con unas palancas abrieron el primero y en su interior apareció un esqueleto, algunas armas y otros utensilios, en el segundo encontraron dos esqueletos; uno más pequeño que el otro, debía tratarse de una madre con su hijo y quizás la primera tumba era el esposo y padre de la criatura, también contenía varios objetos: vasijas metálicas, juguetes y monedas que los expertos catalogaron minuciosamente dándole mucha importancia.

Otra vez ocurrió en la Iglesia Parroquial un suceso muy extraño y bastante interesante; había estado lloviendo varios días sin parar y posiblemente debido a la humedad de la tierra se derrumbó uno de los muros del patio interior que alcanzaba una altura de unos seis metros, mezclados con piedras y lodo aparecieron centenares de huesos humanos de todo tipo: calaveras, tibias, costillas, fémures, etc.- Se supone que al encontrarse cerca de la iglesia en otros tiempos hubo un cementerio y en este preciso lugar se encontraba el osario; muy normal, ya que en la antigüedad era acostumbrado asentar los cementerios cerca de las iglesias. Fue un acontecimiento por el que tuvimos mucho que hablar en el pueblo, a mí en particular me hacía la puñeta pues no podía conciliar el sueño padeciendo tremendas pesadillas, pero aún así, nunca desistía de asistir a estos morbosos acontecimientos, siempre me encontraba en primera fila.

En cierta ocasión que varios amiguetes hacíamos una de nuestras muchas excursiones por el campo, nos metimos en una de esas alcantarillas que cruzan las carreteras, cuando estábamos a medio camino empezamos a notar un fuerte olor a podrido, encendimos una cerilla y nuestro asombro fue encontrarnos de sopetón con un hombre muerto y en un avanzado estado de descomposición, tenía la boca abierta y un aspecto de lo más macabro, pasé varias noches en vela y por todas partes veía aquella horripilante cara sin afeitar y faltándole varios dientes; avisamos a la Guardia Civil, más tarde supimos que se trataba de un vagabundo desconocido que posiblemente se introdujo allí para dormir y nunca más salió.

Recuerdo una vez que estábamos jugando en un descampado donde solíamos tener nuestro campamento, estaba en la ladera de un arroyo al que llamábamos “el arbollón”, nos dio la idea de construirnos una cueva para nuestro refugio, llevábamos varios días cavando cuando de pronto topamos con unas maderas que parecían ser de una caja, las tablas estaban muy podridas y resultó sencillo continuar con la faena, a continuación aparecieron unos oxidados fusiles MAUSER acompañados por un montón de balas calibre 7.62 apropiadas para este tipo de armas; no sabíamos que hacer, si contarlo a nuestros padres o avisar a las autoridades, optamos por lo segundo después de apropiarnos unas cuantas balas cada uno. Se llegó a la conclusión de que al término de la Guerra Civil alguien las enterró allí para que no las encontraran en su domicilio o donde las tuviesen escondidas. Este tipo de cosas ocurría con frecuencia.

Alternaba el suplicio del colegio con los juegos callejeros, siempre en pandilla organizando todo tipo de travesuras y pillastrerías. Os contaré alguno de los más frecuentes que practicábamos para divertirnos pues acíamos todo tipo de burrerías propias de nuestra edad: el que más gracia nos hacía consistía en cagarnos dentro de una caja de zapatos, la envolvíamos delicadamente con un papel celofán y un lacito, lo entregábamos en alguna casa donde a veces la dueña lo destapaba en nuestra presencia y os podéis imaginar la sorpresa que se llevaba la buena señora.
Otro que nos divertía mucho trataba de acercarnos sigilosamente por detrás de unos viejitos que estaban sentados en un banco de la plaza, les propinábamos un pescozón en la gorra o el cogote, el desconcertado viejo miraba a un lado y otro sin saber de donde le venía el sopapo, a veces le echaba la culpa al compañero de al lado obteniendo alguna respuesta desagradable, repetíamos la jugarreta con su vecino de banco hasta que nos descubrían y los insultos eran de H. de P. para arriba, salíamos corriendo partiéndonos de risa y raramente nos pillaban pero si alguno era capturado, pues algunos viejos corrían como liebres, se llevaba unos buenos bastonazos y a pesar de esto no se nos quitaban las ganas de seguir practicando esta bribonada a los ancianos que plácidamente tomaban el sol.
También practicábamos con los viejitos lo que llamábamos “el atado”, consistía en prender con mucha cautela un imperdible en la chaqueta del anciano con una cuerda que después sujetábamos al banco donde estaba sentado, el pobre viejo al levantarse notaba que le tiraban y en ocasiones hacía tanta fuerza que se le rompía la prenda de vestir.
Otras veces atábamos a dos señoras que ensimismadas hablando y cotilleando en la cola de alguna tienda o el mercado no se daban cuenta de que eran amarradas juntas; a veces la atadura terminaba en un pedrusco que arrastraban hasta que se percibían de la broma.

Otro de nuestros preferidos juegos era introducirnos uno de nosotros en un confesionario de la iglesia y esperar a que alguna viejita viniera a confesar sus pecados; los demás que le esperábamos sentados en un banco cercano nos retorcíamos de risa hasta que se descubría el pastel o algún cura nos pillaba con las manos en la masa y teníamos que salir por pies.

La travesura más gorda la hicimos un día en la misma Parroquia; la iglesia es bastante grande, podría decir que es casi como la catedral de Palma pero de otro estilo, quizás yo la veía tan enorme porque de pequeños nos parecen las cosas mucho mayores de lo que realmente son, ya que de mayor he tenido la ocasión de comprobarlo en varias cosas que he visto después. Como casi todos los templos construidos a lo largo de la geografía española tiene forma de cruz y es de estilo renacentista totalmente de piedra y con columnas y capiteles muy bellos. En el fondo o parte alta de la cruz esta situado el altar mayor, en el brazo derecho está la sacristía y en el de la izquierda las dependencias habitadas por los sacerdotes, el resto pertenece a la nave central del templo amueblado con largos bancos de madera, en los laterales de ambos lados se abren bonitos ventanales con cristales de colores dando una luminosidad y reflejos muy bonitos, en el techo y sobre el altar mayor hay otro ventanal de colores de gran tamaño que de igual forma y sobretodo a la hora de la misa de las doce del mediodía ilumina con fuerte intensidad con unos rayos fantasmagóricos impresionante; el techo está plagado de bóvedas en forma circular decoradas con preciosos frescos; a un lado y otro hay un gran número de capillas dedicadas a varios santos; tiene tres puerta de entrada: la principal que se encuentra al pie de la cruz con una bien tallada puerta de madera noble y un artístico pórtico en arco que se accede desde la explanada por una suave escalinata, la segunda puerta está situada en el lateral izquierdo y es por donde normalmente entraban y salían los entierros y algunas procesiones, es casi tan suntuosa como la principal, a un lado está la entrada que sube a la torre del campanario que no tiene acceso a la iglesia, la tercera y última es por donde entran los sacerdotes a sus aposentos y también tiene paso a la sacristía. A la derecha de la entrada principal está la capilla de la Virgen del Sagrario que es la Patrona del pueblo, está bellamente engalanada y es muy bonita con grandes vidrieras de colores; al fondo y a la izquierda esta la del Patrón que es el Cristo de la Vera Cruz, es preciosa y ricamente decorada con ornamentos muy valiosos donados por personas que han hecho alguna promesa: candelabros, alfombras, pinturas y en especial la gran cruz que es totalmente de plata con incrustaciones de piedras preciosas, el Cristo tallado en madera noble y en tamaño natural. Dicen que es muy milagroso, permanentemente está iluminado con miles de lamparillas flotando sobre aceite de oliva en unos enormes calderos. Cuentan una leyenda en la que en cierta ocasión, un año de mucha sequía y escasas cosechas, el sacristán o encargado de reponer el aceite para mantener esas miles de lamparillas encendidas, tenía muchos hijos y debido al hambre que abundaba, cada día requisaba una pequeña parte de aquel valioso aceite para dar de comer a su familia, hasta que llegó el momento que se le terminaron las existencias que tenía previstas para terminar el año, asustado y avergonzado del pecado cometido, se postró de rodillas ante el Cristo para pedirle perdón, tan obsesionado estaba con sus rezos y súplicas, que cuando levantó la cabeza observó que aquellos recipientes estaban rebosando por todas partes y el líquido se desparramaba por sus bordes; corrió como un loco a dar la noticia a todo el que encontraba a su paso y muy pronto empezaron a aparecer con recipientes para recoger aquel aceite milagroso que les calmó el hambre por algún tiempo.

Como os decía: en la nave central y en algunas capillas había bancos de madera pero como era insuficientes para todos los fieles sobretodo en la Misa Mayor, muchas viejitas se habían hecho construir un reclinatorio que utilizaban en exclusiva y los tenían amarrados con una cadena enrollada a uno de los muchos barrotes de hierro de las verjas de entrada a las capillas y cerrado con un candado. Pues bien: nuestra pandilla nos dedicamos en horas de poca influencia y escasa iluminación a abrir con ganzúas los candados y procediendo a cambiar de lugar los reclinatorios y ponerle un candado distinto a cada uno, nos largamos con viento fresco a esperar los resultados al domingo siguiente. Imaginaos el revuelo que se armó... media hora antes de empezar la Misa Mayor comenzaron a llegar las viejecitas muy ufanas pensando en la comodidad de sus reclinatorios, que ciertamente estaban construidos con un diseño especial de forma que tenían un asiento con una tapa de madera que se alzaba y al mismo tiempo servía para arrodillarse sobre una almohadilla y hasta en la parte superior de alguno tenia un reposabrazos con un cajoncito donde guardaban los misales, rosarios y artilugios para las oraciones. Las pobres mujercitas corrían nerviosas de un lado a otro buscando cada una de ella su particular reclinatorio que no terminaban de encontrar; algunas lo hallaban en la otra punta de la iglesia y en un rincón escondido, algunos estaban atados junto a otros de manera que se formaban un verdadero lío para desatarlos debido al cambio de candados. El revuelo era colosal pues ya sabéis lo quisquillosas que resultan ser las personas mayores para estas cosas; la quietud del templo se interrumpió convertido en una verdadera algarabía, hasta que los sacerdotes ordenaron silencio y las pobres viejecitas no les quedó más remedio que acomodarse allá donde pudieron. Al siguiente día avisaron a un cerrajero que organizó el estropicio. Durante mucho tiempo los curas y autoridades indagaron e intentaron averiguar y encontrar a los culpables pero jamás lo supieron, ciertamente debíamos ser unos chicos nada chivatos o poseídos por el miedo todos guardamos celosamente el secreto.

No hay comentarios: