sábado, 24 de noviembre de 2007

LA MINI


La “Mini” no es realmente una de mis mascotas, no por el hecho de que se trate de una gata, sino más bien porque es un animal independiente y aunque a veces algo cariñosa siempre vive su propia vida, pero no puedo dejar de dedicarle aunque solo sea un pequeño espacio en su memoria, porque al igual que mis otros animales, aunque en menor cantidad, también me ha proporcionado algo de paz, tranquilidad y cierto ambiente en nuestro vivir en el campo, ha influido de alguna manera en todos y especialmente en la vida de “la Cuky” que fueron grandes amigas y siempre se llevaron perfectamente aunque se tratara de “perro y gato”.
Ciertamente fue una suerte para ella caer en nuestras manos ya que nunca nos gustaron los mininos.
Una tarde que me encontraba limpiando la terraza del piso de Palma escuché un maullido lejano al que ningún caso le hice, el lamento insistió persistentemente hasta que miré hacia el lugar de donde procedía y allí estaba la preciosa gatita que apenas tenía un mes de vida, sobre el alfeizar del edificio de siete plantas con riesgo de caer al vacío. Me acerqué con cuidado y la tomé entre mis manos con la máxima delicadeza. El lugar donde estaba peligrosamente subida era la separación de la terraza del vecino con la nuestra y supuse que sería de ellos, por lo que los llamé para comunicarles el hallazgo, a lo que me respondieron que nada tenían que ver con la criaturita. Se la mostré a los miembros de lafamilia y encantados le dimos la adopción correspondiente bautizándola con el nombre de “Mini”.
Se adaptó perfectamente a nosotros viviendo su propia vida independiente y sin demostrar ningún afecto, la Cuky la aceptó casi como si fuera su propia hija y cuando nos desplazábamos a Sóller los fines de semana nos acompañaba y continuaba con su propia vida, yendo de aquí para allá cuando le apetecía, perdiéndose en ocasiones hasta una noche entera sin regresar a casa, por lo que nos preocupaba, especialmente a Merche que la cogió un gran cariño, pero siempre regresaba a su hogar sin ningún problema, le gustaba mucho zascandilear y resultó ser una excelente cazadora trayendo sus presas hasta la puerta de la casa para mostrarlas con orgullo: ratones, dragones, ranas y algún saltamontes, que en ocasiones después de enseñar sus trofeos se los zampaba.
Al poco tiempo nos vinimos a vivir a la casa nueva que para ella resultó ser un paraíso: campo, naturaleza y abundancia de caza; vivía a sus anchas recorriendo todos los alrededores sin separarse demasiado.
Un buen día encuentra un novio, se enamora y al poco tiempo advertimos que su barriga estaba abultaday a las pocas semanas nos trae al mundo tres preciosos gatitos de distintos colores y ninguno parecido a ella.
El día que se puso de parto la Cuky parece ser que lo intuyó porque estaba más nerviosa que la propia madre, ayudando a ésta a traerlos a la luz, limpiándolos y cuidándolos casi mejor que su ama, y cuándo la inquieta mamá se despistaba o se ausentaba en sus cacerías la “tía Cuky” le ladraba para regañarla por el abandono de sus hijos.
Era gracioso y enternecedor ver a una perrita metida en el cesto dando calor a unos cachorrillos de gato.
Para que no tuviera más crías y nos llenara esto de felinos la operamos y hasta el momento continua con nosotros viviendo su propia vida hasta que apareció Kira, una pastora alemán propiedad de Elena que no la podía atender y la adoptamos también.
Kira era buena, noble y muy juguetona pero la Mini al verla le cogió tal pánico que se ausentó de la casa por varios meses viviendo en los alrededores sin entrar para nada; le construí un artilugio para que pudiera entrar por la ventada para resguardarse en invierno y alimentarse, pues los primeros días del susto estuvo desaparecida más de dos semanas y adelgazó hasta quedarse en los huesos. ¡Pobre Mini!
Cuando Kira abandonó la casa la minina regresó a sus dominios retomando sus costumbres anteriores y disfrutando de todo como anteriormente hasta la actualidad que sigue con sus siete vidas.


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