Durante la realización del mural de la entrada, cuando estaba a medio pintar, el sargento encargado de la cantina hizo una apuesta conmigo: como podéis apreciar el escudo es la constelación TAURUS, compuesto por las estrellas alineadas con un toro, este toro en su diseño original estaba capado, o sea, sin testículos; pues bien, la apuesta consistía en que si yo era capaz de pintarle “los huevos” al toro, él me pagaría todo lo que consumiese mientras durase el trabajo. Este detalle se comentó entre el personal de la base: jefes oficiales y tropa. Yo mientras pintaba lo mantenía en la incógnita y hubo quien comentaba que no sería capaz de hacerlo. Yo iba dibujando y rellenando de pintura las cuadrículas de arriba abajo, y el último día, antes de plasmar mi firma, tuve la valentía de levantarme muy temprano, pintar los “cojones” al toro y sobre ellos mi firma con letras blancas para que destacaran.
A las ocho y media de la mañana comenzaron a entrar todos en el acuartelamiento y lo primero que encontraron frente a su vista fue el toro con sus credenciales y las mías sobre éstas.
Nadie me llamó la atención y aquello se dejó sin tocar hasta la fecha que es muy posible que aún siga igual.
El sargento de la cantina tuvo que pagar de su bolsillo la cuenta que ascendió a casi 30 mil pesetas por las cervezas, bocadillos y cafés que nos tomamos mi ayudante y yo.
El 14 de enero de 1973 por fin llegó el ascenso, al mes siguiente salieron las vacantes:
Una vacante en Calatayud, dos en Canarias y una en Mallorca.
En Calatayud ya había estado y además el clima desfavorecía a mi reuma.
Canarias nos parecía demasiado lejos.
Después de consultarlo con la familia decidimos optar por Mallorca que ya fui informado por otros compañeros que estaban allí y nos pareció el lugar más adecuado.
martes, 27 de noviembre de 2007
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