Ya poseíamos un medio de locomoción y nos podíamos trasladar de un sitio a otro con comodidad y aunque era pequeño nos acercábamos algún fin de semana a Madrid a casa de los Yayos. También nos atrevimos a realizar un viaje largo en unas vacaciones de verano hasta Málaga pasando por Villacarrillo y Mogón donde permanecimos algunos días para que Merche lo conociera. Al regreso y con el calor de las llanuras de la Mancha se calentaba de tal manera el motor que de tanto en tanto era necesario parar para añadirle agua al radiador.
Poco tiempo después cambiamos el 600 por un SEAT 850 totalmente nuevo, algo más grande, con más potencia y confortable, mucho más seguro y capaz de realizar viajes largos sin temor a quedarnos tirado en la carretera; aunque si he de decir la verdad, el “seiscientillos” como vulgarmente se le llamaba, jamás me dejó tirado, particularmente estuve muy satisfecho del servicio que me prestó y todo el mundo siempre ha afirmado que fue el mejor vehículo que ha pisado nuestras carreteras en todos los tiempos, por su tamaño y precio.
martes, 27 de noviembre de 2007
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