domingo, 25 de noviembre de 2007

QUINTA PARTE EN LA RESERVA

Con solo 47 años me encontraba en la reserva, libre de servicios, de inquietudes, intrigas y putadas militares, por lo que tenía que iniciar una nueva vida totalmente distinta a la anterior, no por ello tendría que dejar las actividades debido a mi inquietud ni dedicarme solo al disfrute de mi nuevo estado de libertad, pero sí de momento me tomaría unas vacaciones.

Teníamos acondicionado el estudio de Sóller de una manera sencilla y simple para pasar los fines de semana y los veranos mientras yo estuve destinado en la Base, no necesitábamos demasiadas comodidades pues la vida la hacíamos particularmente en la calle, cocinando en una cocinita pequeña construida en el exterior y comiendo en la mesa de piedra bajo una tupida enredadera protegida del sol, casi todos los veranos venía la familia de Madrid y lo pasábamos estupendamente acoplados de manera ciertamente cómoda.
Aquel primer verano de mi nueva situación fue largo e intenso, sin preocupaciones ni sobresaltos, descansando plenamente, disfrutando de la playa, la familia y del buen comer, sin aún llegar a creerme que ya estaba fuera del Ejército y no me debía preocupar de nada, solo de disfrutar de la nueva vida que tendría que adoptar y amoldarme a ella. Me costaba asumir la realidad y hasta en ocasiones he tenido pesadillas y en la actualidad persisten después de 14 años, he soñado infinidad de veces que aun estaba en activo, que todos mis compañeros gozaban de la reserva y mis Jefes no me dejaban marchar después de solicitado y concedido; me decían que era imprescindible y que debería esperar. Lo más crudo era que mis compañeros de especialidad que optaron por quedarse ya habían llegado a la graduación de Comandante, yo seguía de Subteniente y les tenía que obedecer. Me despertaba sudando y en muy mal estado. Ahora, con bastante menos frecuencia de vez en cuando me viene alguna de aquellas malditas pesadillas, me doy cuenta de que son sueños y me despierto tranquilamente sin malestares de ningún tipo.
Había sido mucho tiempo aguantando putadas y una vida Militar que nunca me gustó, por fin era libre y no tenía que soportar a tanto “hijo de puta” que me amargó la existencia desempeñando un trabajo para el que mi forma de ser no estaba hecho. Porque en el Ejército había de todo, gente buena y mala, prepotentes y dictadores, escaseaba lo primero. La mayoría de los superiores se lo tenían creído y abusaban de su poder, nos miraban por encima del hombro y nos trataban casi como a esclavos, era inaguantable, insoportable y en muchas ocasiones tenía ganas de salir y dejarlo todo, pero el miedo a lo desconocido en el exterior y la nómina que llegaba puntualmente todo los meses me retenía, permitía que continuara hasta el momento que tuve la oportunidad de ser libre y poder disfrutar de una vida confortable, agradable y hacer lo que me viniera en gana.

Podría contaros infinidad de cosas buenas y malas que me han sucedido en los 30 años de servicio, muchas más malas que buenas pero prefiero eludirlas para no amargarme mientras escribo ni amargaros a vosotros con cosas desagradables que mejor será dejarlas en el olvido, además tendría que forzar mucho la memoria, ya que gracias a Dios he tenido la buena facultad de conservar solo las buenas.

Pasó aquel primer verano como hombre libre y regresamos a Palma, tenía la intención de dedicarme a pintar y continuar con las exposiciones pero en aquellos momentos había una crisis general y se vendía muy poco, estaba en contacto con galerías de arte a las que había cedido algunos cuadros para vender y de tarde en tarde se vendía alguno, conocía a varios pintores que tuvieron que dejar la pintura y dedicarse a otras actividades para poder seguir viviendo. Opté por buscar otras alternativas para no estar de brazos cruzados en casa o paseando por el barrio como veía a la mayoría de viejos jubilados, sentados en un banco de la calle contándose sus batallitas o paseando al los nietos y al perro. Pensé en montar un pequeño negocio pero no encontré nada que fuese productivo y sin asumir riesgos, mientras tanto ojeaba los periódicos en la sección de trabajo para ver si encontraba algo que pudiera desempeñar, pero como en mi primera ocasión cuando busqué trabajo en Barcelona estaba desorientado sin una profesión definida; pasé por dos que no me llegaron a gustar, el primero fue representante de productos de ferretería: tenía que patear las calles en busca de clientes, no encontraba lugares para aparcar y con un abultado paquete de muestrarios era complicado y trabajoso desplazarse a pié a muchos sitios donde después de enseñarlos no deseaban nada o poco me compraban. Este trabajo duró dos días.
El segundo parecía tener buenas perspectivas y me agradaba.
En un anuncio de la prensa pedían un dibujante para empresa de publicidad; me presenté para las pruebas y quedé citado con un señor en un bar cerca de la Plaza de España, sin hacerme ninguna prueba y con solo algunas preguntas me aceptó en periodo de pruebas por un tiempo indefinido, sin acordar sueldo ni nada más.
El despacho u oficina la tenía instalada en el mismo bar, un escribiente con una máquina de escribir portátil se encargaba de confeccionar los presupuestos y otros asuntos que le encargaba el jefe de la que parecía ser una pequeña empresa; mientras tanto nosotros nos desplazábamos a sociedades, oficinas del Gobierno y otras entidades donde él se entrevistaba nunca supe con quien; en algunos me dejaba pasar para dar mis opiniones y posteriormente íbamos a la oficina donde le observaba dar órdenes a su escribiente.
Finalizada la jornada cada cual se fue a su casa a esperar un nuevo día de trabajo.
Llegó el siguiente día y me presenté a la hora prevista en la oficina a donde él aún no había llegado, sí estaba el secretario esperando con su máquina preparada al que discretamente le indagué por nuestro jefe, su empresa, sus propósitos y aspiraciones, a lo que me respondió que no tenía ni idea, después de decirme que llevaba con él casi dos meses y sin cobrar ni un duro le dije que le comunicara cuando llegara, que “un servidor” no estaba dispuesto a seguir sin un contrato como Dios manda y un sueldo apropiado a mi trabajo que aún desconocía cual sería, que si verdaderamente me necesitaba que me llamara por teléfono pero asegurándome que me haría un contrato decente y me mostraría el lugar donde me dijo que tenía “su empresa de publicidad” que nunca tuve el gusto de conocer, y además le recomendé al muchacho que hiciera lo mismo que yo. Nunca supe más de ellos ni de la supuesta empresa.
En casa comentándolo con la familia llegamos a la conclusión de que éste era un tipo loco o estaba mal de la cabeza, que él mismo se cría tener una empresa fantasma y embaucaba quizás sin darse cuenta a todos los que se le acercaban hasta que como yo, le descubrían enseguida y le abandonaban.
El mundo está lleno de sorpresas y de gente rara.

Un día apareció otro anuncio en EL TRUEQUE que me llamó la atención:
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Me acordé del loco publicitario y dudé pero como no me costaba ningún trabajo
llamé por teléfono y me dieron una cita para una prueba aquel mismo día a las cuatro de la tarde, me presenté al Jefe de la empresa y después de hacerme unas cuantas preguntas me mandó hacer un dibujo sencillo que realicé sin la menor dificultad y me anunció que ya me avisarían si era aceptado para el trabajo. A la mañana siguiente salí temprano para instalar una exposición que tenía concertada en Lluchmajor, cuando regresé a medio día para comer me dieron la noticia de que habían llamado de la imprenta para que me incorporara al trabajo esa misma tarde.
Me acojoné, no tenía ni idea del trabajo a desempeñar ni si lo sabría realizar. A las cuatro en punto me presenté en la empresa, una imprenta bastante decente en un local amplio situado en un polígono industrial, por la primera impresión no parecía tratarse de un timo o algo parecido; el mismo que me atendió el día anterior me informó de la misión a desempeñar, horarios, sueldo, etc. Sin darme tiempo a pensarlo acepté con la condición de que me dejaran terminar la exposición que ya tenía montada y no podía abandonar, era martes y me comprometí empezar el lunes siguiente.
La exposición estaba montada conjuntamente con otro pintor, le llamé por teléfono y le pedí que me hiciera el favor de encargarse de todo hasta el sábado que yo iría por la tarde. A continuación me fui a ver a un amigo que era director de una empresa de publicidad, le expuse el momentáneo problema de no tener ni idea de montajes de fotocomposición para diseños gráficos y me dijo que podría entrar y permanecer en el departamento de diseño todo el tiempo que me fuera necesario para ponerme al corriente. Cualquiera en mi lugar lo habría rechazado sin titubeos al saber que no estaba capacitado para desempeñar tal función, pero como yo he sido siempre una especie de aventurero y a sabiendas que en otras ocasiones supe salir de situaciones parecidas a ésta y hasta peores, me aventuré con la convicción de que si no cuajaba siempre tenía la solución de abandonar.
Miércoles, jueves y viernes, mañana y tarde sin parar ni un instante ni para comer me dedique a observar a todos los que allí trabajaban en montajes publicitarios, diseños, fotolitos, etc,etc., tomando notas de todo lo que me parecía importante: materiales y utensilios que eran totalmente desconocidos para mí y que sin este primer aprendizaje me hubiera resultado imposible trabajar en la imprenta.
Creo que los conocimientos básicos adquiridos en aquel corto periodo de tiempo me fueron suficientes para defenderme en mi futuro empleo dentro del cual adquiriría la práctica poco a poco y así resultó ser con el tiempo.

Estaba muy contento y el trabajo me encantaba, tenía un departamento de diseño para mí solo en el que me desenvolvía con facilidad, al poco tiempo se montó un laboratorio para la confección de fotolitos y planchas y a los seis meses ya estaba al día de mi nueva profesión pudiendo competir con cualquiera.
Todo el personal de la empresa era bastante joven, el más viejo era yo y me respetaban hasta tal punto que comencé a organizar el trabajo de cada uno, procurando que la cadena no se rompiera trabajando a un ritmo adecuado y con el mismo esfuerzo resultara más rentable. Teníamos muy buenos clientes y el trabajo nunca faltaba, al contrario, cada vez se acumulaba más y se hacía necesario una buena organización, por ejemplo: el maquinista imprimía un trabajo en negro, cuando terminaba perdía casi dos horas en limpiar la máquina para imprimir otro en rojo y así sucesivamente de modo que entre limpieza y limpieza se perdía un montón de tiempo y yo le organicé de forma que imprimiera los colores acumulados todos de una vez y de esta manera a veces se estaba hasta cuatro días tirando un mismo color. Los chicos del taller también estaban organizados de forma parecida sacando el máximo rendimiento y trabajo terminado para entregar al cliente.
Al poco tiempo llegamos a facturar el doble.
El dueño estaba tan contento conmigo que al año me aumentó el sueldo en un 20%. Junto a mi paga militar y la de mi nueva profesión disponía de un buen sueldo para vivir comodamente.

Elena acabó sus dos carreras universitarias que había preparado a la vez, fue una gran alegría, satisfacción y orgullo para todos; con solo 23 años estaba muy bien preparada para afrontar cualquier oposición que se planteara, se tomo unas cortas vacaciones para pensar en el próximo futuro, mientras tanto conoció a Martín con el que parecía estar muy contenta, feliz y enamorada.

Martín trabajaba en la Central Eléctrica de Alcudia y por el motivo de estar más cerca de él pensó en preparar la oposición de Interventores de la Administración Local para trabajar en el Ayuntamiento de esa misma localidad. En septiembre comenzó a prepararla, en febrero realizó los exámenes en Barcelona obteniendo muy buenas notas y puntuación pudiendo acceder a cualquier vacante, eligió la que tenía pensada que le fue asignada con un sueldo espléndido ganando casi el doble que yo por lo cual me seguía sintiendo muy orgulloso. Entonces me dieron ganas de localizar a aquel inútil médico que la atendió cuando nació y me dio aquella mala noticia de que podría ser retrasada para restregarle por las narices los títulos obtenidos en tan poco tiempo, pero bueno....

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