Por fin pude realizar el sueño de toda mi vida: tener una casa propia de piedra en el lugar más perfecto y paradisíaco que nunca había soñado.
A primeros de septiembre realizamos el traslado y comenzamos a vivir en aquel mini paraíso, el primer invierno que pasamos a pesar de que aquí suelen ser bastante tristes a nosotros nos pareció encantador, hasta los días más cerrados de lluvia se nos antojaron preciosos, desde el interior de la reconfortable vivienda podíamos admirar a trabes de las ventanas los rayos del tímido sol que alumbraba las montañas produciendo efectos maravillosos; La naturaleza y tranquilidad se respiraba por todas partes y a cada momento, tan solo se escuchaba el trino de los pájaros, el croar de las ranas del estanque y algún que otro perro o gallo lejano que en pocas ocasiones nos despertaba agradablemente al amanecer.
Llegó la primavera y con ella el despertar de la vegetación con los primeros brotes y las flores de todas las plantas y árboles que nos rodeaban con su infinidad de aromas agradables.
domingo, 25 de noviembre de 2007
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