domingo, 25 de noviembre de 2007

Hacía bastante tiempo que andábamos buscando para comprar una casita que estuviese en el campo y cerca del pueblo, habíamos visitado infinidad de ellas, unas resultaban demasiado caras y otras no se adecuaban a nuestras necesidades.Una tarde hablando con un vecino le comenté mi inquietud y resultó que precisamente él tenía una a la venta, inmediatamente nos llevó a verla y a primera vista resultó lo que nosotros queríamos; en un lugar alejado, en el campo, rodeada de naturaleza y dentro de nuestras posibilidades, con muy poco terreno y estaba casi en ruinas pero con unos pequeños arreglos sería la casita de nuestros sueños, al día siguiente fuimos al notario y cerramos el trato.Los últimos días de aquel verano no parábamos de hacer visitas a nuestra nueva casa, Merceditas y yo pasábamos largas horas a la sombra de una hermosa higuera, por las mañanas, las tardes y hasta por las noches para comprobar el clima que en cada momento hacía, realizando mediciones, tomando notas y dibujando bosquejos sobre lo que en un futuro queríamos convertir en la nueva casa.Después de pagar nuestra nueva propiedad nos quedó algo de dinero pero insuficiente para una obra de gran envergadura por lo cual ya habíamos decidido solicitar un préstamo, no podíamos contar con las indemnizaciones de los seguros ya que teníamos dudas de que los concedieran, de modo que llamé a tío Chani para que inmediatamente viniera a tomar notas y realizarnos el proyecto ajustado a nuestras necesidades y posibilidades.A finales de diciembre se presentó el proyecto al Ayuntamiento y el uno de febrero comenzaron las obras con la licencia correspondiente.Aquello resultó ser el mejor medicamento para mis depresiones, enseguida me olvidé de mis malestares y enfermedades y pasaba la mayor parte del tiempo vigilando, controlando y dando instrucciones a los operarios y albañiles, en ocasiones también quería ayudar y trabajar pero me resultaba imposible, me cansaba bastante y desistía de ello a mi pesar.Mientras tanto los seguros me habían indemnizado con un dinerillo bastante aceptable para que la construcción fuese mejor y más amplia, menos uno de ellos que se retrasaba bastante y tenía dudas de que me lo concedieran, aunque me correspondiera por ley siempre te quedan las dudas y nunca se puede contar con ello hasta tenerlo en la mano.Las obras continuaban sin parar incluyendo los sábados y cada semana que pasaba se notaba la diferencia, no paraba de revisar los planos y corregir allá donde era necesario; Sobre el mes de mayo la edificación ya estaba cubierta con las tejas y comenzaron a desfilar los fontaneros, carpinteros, embaldosadotes y yesero. Todos trabajaban con rapidez y eficacia porque yo les metía mucha caña debido a que ya se había vendido el piso de palma para obtener más dinero y el uno de septiembre deberíamos hacer la entrega y aunque teníamos la casa del estudio para vivir estaba muy mal acondicionada para el invierno y nuestra ilusión y necesidad era venir a estrenar y vivir en nuestra nueva casa.Me empezó a faltar el dinero para pagar a los operarios, no siempre los presupuestos se ajustan a los del proyecto, y justo cuando peor lo estaba pasando un buen día de mediados de agosto me llega una carta certificada con un talón de ocho millones de pesetas del seguro que faltaba. Se me iluminó la vida y se resolvieron los problemas, pues después de liquidar a todo el mundo aún me quedó dinero para los aparatos de alumbrado, la remodelación del jardín, sembrado de césped y algunos árboles y plantas.

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