El SAR tenía un acuerdo tripartita con Italia y Francia con los que se realizaban ejercicios de entrenamiento desde distintas bases de estos países y España.
En cierta ocasión viajamos a Italia para unas maniobras conjuntas pasando varios días en la ciudad de Pisa.
Una de las noches acordamos toda la tripulación salir de “marcha”, preguntamos a los compañeros italianos por un lugar de ambiente nocturno y nos indicaron uno muy parecido al Arenal de Palma, seguramente que habría movida en verano pero en la época que nosotros fuimos aquello estaba desierto, todo estaba cerrado y oscuro como boca de lobo.
Con un vehículo oficial nos trasladaron al lugar indicado y aquello estaba bastante solitario, a lo lejos se divisaban luces donde parecía haber movimiento, tomamos un taxi que nos dejó al final de un largo paseo bordeando una playa, caminamos y caminamos sin ver nada ni encontrar establecimiento de ninguna clase, en la distancia vislumbramos una luz de neón y pensando que allí se encontraba el lugar deseado nos dirigíamos a ella, había muchas luces como ésta pero nuestro asombro y decepción fue al leer en todas las que encontrábamos a nuestro paso: RISTORANTE, TRATORIA, PIZZERÍA; y así uno tras otro hasta que cansados de caminar nos metimos en el primero que encontramos en nuestro paso para hacer honor a nuestra fama de buenos triperos y ponernos morados de pizza y espaguetis.
A la salida llovía suavemente un chirimiri parecido al de Galicia y no molestaba para pasear por aquel amplio paseo a aquellas horas de la noche, la temperatura era agradable y no teníamos ningunas ganas de irnos a dormir, paseando tranquilamente por la calzada apenas iluminada nos dimos cuenta de que algo crujía bajo nuestros zapatos y al mirar nos dimos cuenta de que eran caracoles, una inmensa plaga deambulaba por todas partes, y no nos vino otra idea mejor que regresar al restaurante y pedir unas cuantas bolsas de plástico, nos pusimos a recogerlos hasta que las llenamos a rebosar, a continuación tomamos un taxi que nos trasladó hasta la Base y lugar donde se encontraba aparcado nuestro avión en el que metimos las bolsas bien atadas y cuidadosamente colocadas en la parte trasera donde se encontraban las balsas y paracaídas. Nos fuimos a dormir al hotel y al día siguiente a primera hora nos dirigimos a nuestro aparato para cumplir la misión de búsqueda en el mar que teníamos programada, y nuestro asombro fue que al entrar a la aeronave descubrimos que los caracoles se habían escapado de las bolsas y pululaban por todas partes: en la cabina, por el techo, debajo de los asientos y hasta en la pantalla del rádar. Mientras el avión despegaba y nos dirigíamos al lugar del ejercicio nos pusimos a recoger caracoles y restituirlos a las bolsas atándolas fuertemente para que no se volvieran a escapar. A los pocos días en nuestro destino preparamos una gran caracolada para todo el Escuadrón que nos chupamos los dedos con los sabrosos caracoles italianos bastante más gordos que los que se encontraban por aquí.
domingo, 25 de noviembre de 2007
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