El cinco de abril de 1.967 nació nuestro primer retoño.
Pesó 3.500 kg. era una niña preciosa y encantadora, rubita aunque con poco pelo, muy guapa, buena y poco llorona, al día siguiente fue bautizada en el mismo hospital y le pusimos de nombre Elena.
Elenucha, como la llamábamos normalmente los de la familia y amigos.
Nos resultó un poco “gafoncilla” y con mala suerte, casi desde el momento de nacer empezó a darnos sustos con algunos percances y accidentes de los que gracias a Dios siempre salió adelante.
El primero fue a las pocas horas de nacer, el médico que la asistió me llamó a su despacho y en privado me comunicó que había observado un síntoma extraño en la niña pudiendo ser algo “retrasada”. Intentó calmarme diciendo que podría estar equivocado y lo mejor que debería hacer es practicarle un análisis para estar completamente seguros.
Me indicó el mejor lugar en la Clínica de la Concepción de Madrid especializada en este tipo de pruebas donde se aseguraba el 100% del resultado final. Era necesario esperar hasta los tres meses de edad.
No se lo conté a nadie pasando unas semanas de incertidumbre de las peores de mi vida hasta el momento que se acerco la hora de llevarla a la clínica y tenía que hacerlo a escondidas. Opté por contárselo a tía Pili que con la excusa de dar un paseo por el parque me acompañó a realizarle los primeros análisis que salieron mal y deberíamos repetirlas una semana mas tarde, efectuando la estratagema anterior se las repitieron con éxito y a los pocos días me llamaron a la Base para comunicarme que el resultado era NEGATIVO.
Me encontraba de servicio y no pude reprimir la alegría que experimenté al escucharlo.
¡RESULTADO NEGATIVO!. Les hice repetir para asegurarme que “mi niña” no sería tonta ni retrasada. Síntomas que a la criatura no se le apreciaban para nada ni en ningún momento pudimos notar nada extraño, ya que casi antes de tiempo comenzó a darnos sus primeras risas y gestos de un bebé muy normal.
No os podéis imaginar la inmensa alegría que sentí al conocer la buena noticia invitando a todos mis compañeros para celebrarlo. Enseguida se lo conté a todo el mundo liberándome de este secreto bien guardado y que me mantuvo tan intranquilo durante aquellos interminables días.
Tía Pili se lo comunicó a toda la familia y a pesar de estar seguros seguían nuestras dudas que se disiparon con el tiempo al comprobar que la niña se portaba de una forma totalmente natural y hasta pudimos advertir con el tiempo que en muchas cosas era muy espabilada y adelantada.
Veinte años después me dieron ganas de localizar a aquel incompetente médico y enseñarle los títulos de las dos carreras universitarias que terminó al mismo tiempo en solo cinco años con matrículas y a los pocos meses aprobó la difícil oposición de Interventora de la Administración Local, lo que le ha servido para en la actualidad ocupar el puesto de Interventora General del Consel Insular de Mallorca.
martes, 27 de noviembre de 2007
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