domingo, 25 de noviembre de 2007

Con mi estado de apatía casi no me daba cuenta ni disfrutaba de esta maravillosa criatura, en algunas ocasiones jugaba con él y reconozco que no disfruté de este precioso niño hasta diez años más tarde que he podido comprobar sus excelentes cualidades: guapo como ninguno, inteligente, educado y obediente. Ya sabe que le quiero con toda mi alma y gracias le doy porque por él siento ganas de seguir viviendo para verle crecer y llegar a un puesto de importancia heredado por su madre.

Tenía suscritas unas pólizas de seguros de vida que también cubrían la invalidez total o parcial, por lo que inicié las oportunas reclamaciones con las que al poco tiempo recibí las indemnizaciones del 30% por la pérdida del ojo, unos siete millones de pesetas que influyeron algo en levantar mi ánimo.
Posteriormente y aconsejado por un amigo pasé Tribunal Médico Militar donde por consecuencia de todos mis malestares acumulados me concedieron la invalidez total para todo trabajo, informe que presenté en la Seguridad Social para su convalidación con el resultado de aumento de la pensión y medicamentos gratuitos entre otras ventajas, ventajas por estar hecho una “mierda”, pero bueno, dentro de lo que cabe, algo es algo...Con estos documentos inicié la reclamación a los seguros de la correspondiente indemnización por la invalidez total, y aunque anteriormente ya había recibido la indemnización por la pérdida del ojo me quedaba la reclamación de la invalidez por enfermedad ya que los seguros estaban cubiertos por ambas cosas. Esto después de los trámites llevaría un tiempo y mientras tanto aquel verano de 1995 fuimos a pasarlo a Sóller como todo los años, me encontraba bastante mejorado de mis depresiones, reanudé mis aficiones a la pintura cambiando el estilo casi por completo, suprimiendo el dibujo tan perfecto realizando paisajes sencillos a base de puntitos y sin excesivo cálculo, menos detallado pero con mucho colorido.

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