lunes, 26 de noviembre de 2007

Cambié el coche, el 850 que empezaba a dar sus últimos coletazos lo vendí y compré un SEAT 1500 Familiar de 2ª mano, estaba en muy buen estado, era enorme, quizás demasiado grande pero muy confortable e idóneo para trasladar los cuadros y pasear cómodamente a la familia que en ocasiones cuando venían los tíos y primas de Madrid a pasar el verano nos desplazábamos con él a muchos lugares de la isla cargados con todos los trastos playeros: mesas sillas y cachivaches. La comitiva excursionista estaba compuesta por cuatro personas mayores, cinco niños y el perro (Boby) que nunca se quedaba en casa.

Por los ingresos extraordinarios que se estaban produciendo ahorramos algo de dinero y como los intereses de los bancos eran tan bajos pensamos en invertirlo de alguna manera que fuese más rentable y con vistas al futuro. Teníamos metida en la cabeza la idea de comprar una casita con algo de terreno para tener un huerto y jardín, pateamos todo Sóller y sus alrededores, visitamos inmobiliarias que nos enseñaban todo lo que entonces tenían a la venta dentro de nuestras posibilidades, desistíamos en nuestro empeño ya que todo lo que iba saliendo costaba cuatro veces más de nuestro presupuesto, no queríamos apretarnos con un préstamo, de modo que nos decidimos por buscar algo que estuviese a nuestro alcance. Nuestra idea era invertir ese dinero con vistas a en un futuro vender y sacar una buena rentabilidad. Encontramos solares en el Puerto de Sóller a buen precio, pensamos que nunca podríamos tener lo suficiente para construir un chalet y que no se revaloraría demasiado, un error cometido pues después de 20 años he podido comprobar que ese mismo solar se vendió por 30 veces más. Esto ha ocurrido de una forma vertiginosa, los precios se han elevado de manera increíble, debido al boom turístico y sobretodo por los alemanes que les ha dado por comprar casas y todo lo edificable pagando precios astronómicos por lo que mucha gente se ha forrado especulando. Finalmente nos decidimos por buscar un pisito en Palma, también pensando que si en el futuro los chicos tenían que vivir en él para realizar estudios en la Universidad.
Encontramos uno muy aceptable que nos costó 1.200.000 pts., enseguida lo alquilamos a un matrimonio joven, buenas personas y cumplidores con los pagos que nos venían muy bien y estábamos muy satisfechos de nuestra primera inversión; casi treinta años después fue vendido por catorce millones a los mismos inquilinos.

Uno de los factores que me influyeron bastante para venir destinado a Mallorca fue por mi afición a la pesca y tener la costa marítima muy cerca, además de dos embalses en la montaña donde se recogían las aguas fluviales para el abastecimiento de la Capital, hacía unos tres años fueron repoblados con alevines de trucha arco iris que se adaptaron perfectamente y hasta empezaron a reproducirse.
A los pocos días de mi llegada me acerqué dando un paseo para echar un vistazo pues se encontraban a unos dos kilómetros del Asentamiento, pude observar que no existía ningún cartel de coto ni vedado de pesca, requisito importante e imprescindible para poder pescar ; a los pocos días regresé provisto de una caña de pescar sin miedo a que me dijeran nada o a infringir la Ley puesto que no había carteles que lo advirtieran.
Parece ser que se encontraban hambrientas pues al primer lance se enganchó en el anzuelo una de casi medio kg. de peso, continué con mi fascinante tarea hasta que pasado un rato y con una media docena de truchas en la mochila, no queriendo abusar me retiré a mi destino con la alegría de mostrarlas a mis compañeros que quedaron asombrados al presenciarlas. Repetí unas cuantas veces sin abusar demasiado hasta que al fin fueron colocados unos carteles y en marzo del siguiente año fue abierta la veda por el ICONA que administraba el coto, anunciándolo a bombo y platillo en todos los periódicos de la isla como un gran acontecimiento y a grandes titulares en primera página: “TRUCHAS EN MALORCA”.
De igual manera que en otros cotos de la Península era necesario estar en posesión de la licencia de pesca correspondiente la que yo ya tenía desde Segovia donde en las vacaciones practicaba este deporte, de modo que el mismo día 20 de marzo de aquel año empezamos a pescar de manera formal y legal.

El día de apertura creo que fui el primero en llegar al pantano antes del amanecer, a las dos horas ya tenía capturados ocho hermosos ejemplares de más de medio kilo de peso, sobre las diez de la mañana se presentaron el Jefe del ICONA (Instituto para la conservación de la naturaleza) acompañado de un montón de periodistas que me hicieron unas cuantas fotos y publicadas al día siguiente como el primer pescador que ha pescado la primera trucha en Mallorca. (Si supieran que hacía casi un año que ya las había capturado de manera furtiva.)
Continué mis hazañas pesqueras en solitario durante el tiempo que la veda estuvo abierta hasta mediados de mayo pasando momentos muy agradables y obteniendo buenos resultados.
Algunos compañeros aficionados a la pesca en el mar se sacaron la licencia y comenzaron a pescar esta nueva y desconocida modalidad para ellos que la mayoría de las veces regresaban a sus casas de vacío por desconocer las técnicas, métodos y artes adecuadas que son mucho más finas y delicadas que en el mar, siendo imprescindible una buena experiencia.

El verano de aquel mismo año nos desplazamos a Segovia para pasar las vacaciones en el pueblo con los yayos, entonces yo aprovechaba para practicar la pesca de la trucha con los amigos de allá en los cristalinos riachuelos de aquella zona; un día salí con un amigo que se le dio muy bien y no me explicaba el motivo por el cual él había pescado más que yo en menos tiempo, cuando paramos para comer el bocadillo de la mañana lo estuvimos comentando, hasta que mi amigo no pudo por más tiempo guardar el secreto que tan celosamente retenía; me demostró que a la hueva de salmón se tiraban como locas, me proporcionó unas cuantas y pude comprobar que era bien cierto. Se podían obtener en unas tiendas especializadas en artículos de pesca en Segovia pero bastante caras y era necesario administrarlas con eficacia y ahorro, enganchando un par de huevas en el anzuelo era suficiente para que el pez picara con bravura.
Adquirí un par de tarrinas de aquel maravilloso cebo para llevarlo a Mallorca y probarlo con las truchas de aquí pero como la veda estaba cerrada era imprescindible ir de furtivo para comprobarlo.
Sobre mediados de septiembre un buen día me acerqué hasta el pantano con una caña muy corta, y desde un rincón escondido realicé el primer lance obteniendo a los pocos segundos el resultado esperado y apetecible, efectué el segundo lance con idénticos resultados, pasé un rato disfrutando de la situación, además que por el morbo de hacerlo como furtivo sabía mucho mejor y resultaba más emocionante.
Repetí la experiencia un par de veces hasta primeros de enero que una mañana temprano antes de entrar de servicio, habiendo prometido a los compañeros que les llevaría trucha para comer, lo intenté antes del amanecer con excelentes resultados capturando una docena en menos de una hora.

Lo más curioso e inédito es lo que os cuento a continuación:
Un descubrimiento casual que vino a ser una bendición y al mismo tiempo un desastre.

Unas dos horas antes de comer me puse a preparar las truchas para hacerlas al horno, lo primero fue destriparlas y aquí es donde apareció el descubrimiento; los ejemplares hembra estaban completamente llenas de huevas exactas a las que estaba utilizando para cebo, las saqué con cuidado y las metí en un tarro de cristal. Al día siguiente me fui al pantano para probar y el resultado no pudo ser mejor ya que los preciosos salmónidos se lanzaban al cebo de una manera voraz.

¡¡¡¡ALELUYA!!!! Acababa de descubrir sin darme cuenta y por casualidad el mejor cebo para pescar la trucha. Repartí las cotizadas huevas en varios tarros pequeños con un poco de sal y aceite de oliva para su mejor conservación y metidas en el congelador se almacenaron a la perfección hasta que se abrió la veda al siguiente año que comencé a pescar como nadie y cantidades de ejemplares que hasta yo mismo me quedaba asombrado.

Tres de los compañeros que se habían sacado la licencia (Pedro, Sanpedro y El Satur) empezaban a pescar antes del amanecer, yo entraba al pantano unas horas más tarde sin tener que darme el madrugón y en menos de una hora ya tenía capturado el cupo de diez peces que guardaba en el coche y regresaba para continuar la faena. Ellos observaban las idas y venidas sin poder explicarse lo que estaba pasando y en una ocasión me esperaron junto al coche para preguntarme de qué manera y como me las arreglaba para pescar con esa facilidad, mientras que ellos pescaban con cebo artificial (cucharilla), yo lo hacía con un cebo secreto sin que nadie lo supiera.
Normal, a los cebos artificiales ya se habían acostumbrado los animales, por lo que con muy buena suerte se podían capturar un par de ellas en todo el día, mientras que con la hueva, en una hora podía coger más de 30 y hasta en una ocasión llegue a pescar 87 en menos de dos horas).
Estaban asombrados, no daban crédito a lo que estaba pasando conmigo ni de que manera me las arreglaba. Yo les decía y ciertamente los despistaba con varios argumentos: Depende del día..., la hora..., el viento...,la temperatura del agua, la incidencia del sol, el lugar de pesca... etc,etc,etc. Hay que conocer mucho a estos animales y pescarlos en el momento adecuado.
Pero mira por donde que a mí me pasó lo mismo que al de “los churros”.
En un momento que me encontraba distraído me estaban espiando y cuando menos me lo esperaba me sorprendieron con las manos en la masa. No me quedó mas remedio que contarles toda la verdad, haciéndolos prometerme que a nadie se lo dirían, pero como con la mayoría de las confidencias esta resultó ser un secreto a voces, éstos se lo dijeron a otros y así sucesivamente corrió como la pólvora hasta que llegó el desastre fatal: entre las sequías, los furtivos y los cebos prohibidos esquilmamos los pantanos dejándolos sin una sola trucha que llevarse con la caña.
La bendición fue el descubrimiento del cebo y la maldición resultó ser por desgracia la aniquilación en estos pantanos de esta especie tan maravillosa que nos daba tantas alegrías y nos hacía pasar tan buenos ratos.

¿Quién tuvo la culpa de todo esto?
He llegado a pensar que yo fui el culpable por haber revelado el secreto, pero también he llegado a la conclusión de que con las sequías se llegaron a extinguir por completo. Ambos pantanos se quedaron sin una sola gota de agua y por ello todo poco bicho viviente que en ellos habitaban pereció sin remedio alguno.
En ocasiones me ha remordido la conciencia y he pensado ¿que habría pasado si no hubiese habido sequías?.
Es una incógnita, pero lógicamente habrían seguido repoblando los pantanos, ellas mismas se habrían reproducido por lógica, los pescadores seguirían pescando y furtiveando hasta acabarse lo mismo que pasa en algunos cotos de la península que las van introduciendo al tiempo que éstas se van terminando.
De todas maneras en el fondo aún me remuerde la conciencia cuando pienso que aquello se terminó, se acabaron las aventuras y los buenos ratos pasados junto a aquellos compañeros y amigos y solo perdura la nostalgia.

DEL CORAZON DE LOS TORRENTES BROTA LA VIDA, DE LA PROFUNDIDAD DE LOS EMBALSES NACE LA CALMA.

Vida y calma es lo que encuentra un pescador en una jornada de pesca.

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