sábado, 1 de diciembre de 2007

Pepe y mi padre en el estudio fotográfico.

Pepe era el mayor de los hermanos, no se parecía en casi nada a nuestro padre sino todo lo contrario. Era extremadamente tranquilo, como mi madre pero éste ya se pasaba, hablaba muy poco, pausado y silencioso, tenia muy buenas ocurrencias y a pesar de ser tan calladito, cuando abría la boca era para hacer reír a chicos y grandes con sus buenos golpes de buen humor, para contar un chiste se tomaba a veces hasta una hora, lo adornaba y narraba de tal manera que describía a los personajes y los momentos, que al final teníamos que reírnos aunque no tuviera gracia, a veces se interrumpía preguntándose ¿por donde iba?, teníamos que orientarle y continuaba con la narración del chiste o historia. Siempre estaba de muy buen humor, jamás le vi enfadado o al menos nunca lo expresaba, aunque también pasó lo suyo. Era mañoso y con grandes cualidades para la inventiva; sabía hacer de todo, siempre estaba con experimentos o inventando alguna cosa, cuando algo le salía bien después de haber pasado horas encerrado en un cuarto y al cabo de varios días, salía dando gritos ¡EUREKA! ¡EUREKA! y ya sabíamos que el invento le había salido bien, porque hasta los vecinos podían oírle. Cuando se casó construyó todos los muebles de su casa y hasta una vez se fabricó una cámara de hacer fotos con algunos materiales de deshecho y piezas de madera pulimentadas por él mismo que llegó a funcionar perfectamente. En otra ocasión construyó un aparato receptor de radio de galena, los auriculares eran unos cables conectados al aparato y a unas tapas de cajitas de betún que te colocabas en las orejas sujetándolas con ambas manos se podía escuchar la emisora sintonizada con una especia de aguja que se paseaba por la piedra de galena hasta que se localizaba una emisora. Todos opinamos que se escuchaba muy bajito y el resultado fue que construyó unos altavoces con unos platos de aluminio de aquellos que daban a los soldados en la guerra, con los cuales ya se oía mucho mejor, pues ya nos ves a toda la familia alrededor de aquel artilugio escuchando la emisora sintonizada que normalmente eran locales o de corto alcance, pero a continuación instaló una antena en el tejado de la casa y ya se podían sintonizar hasta emisoras extranjeras.

Aprendió relojería por sí mismo armando y desarmando relojes viejos, de vez en cuando oíamos el ya famoso “EUREKA” y nos traía el reloj que funcionaba a la perfección (bueno, es un decir porque se adelantaba o retrasaba lo que él quería) pero insistía hasta que lo ponía a punto. En una ocasión que le observé en sus quehaceres inventivos, me di cuenta que estaba pulimentando una moneda de cinco céntimos y haciendo con ella una especie rueda de engranaje, efectivamente era para algún aparato que necesitaba dicha rueda y la hacía a la medida exacta .A la gente del barrio le arreglaba todo tipo de cachivaches y aparatos electrodomésticos de aquella época que eran escasos, ya que por entonces empezaron a aparecer en el mercado las primeras planchas eléctricas y muy pocos se permitían el lujo de poseer un aparato de radio. Nosotros teníamos uno de la marca MARCONI grandote y de madera.

Era muy aficionado a la música, dominaba varios instrumentos especialmente la bandurria, el laúd y la guitarra española, perteneció a la rondalla del pueblo y en infinidad de ocasiones nos amenizaba con un concierto de música, a mí me gustaba mucho oírle tocar “EL SITIO DE ZARAGOZA”, era una pieza musical muy larga y me encantaba, sobretodo cuando imitaba el sonido de los clarines y los tambores golpeando con los dedos sobre la madera del instrumento.

Contrajo matrimonio con una chica del pueblo llamada Francisca que era muy inculta, no sabía leer ni escribir pero muy buena y excelente administradora de su casa. Se amaron intensamente, tuvieron dos hijas: Rosa Mari y Josefina de la que yo fui padrino de pila cuando solo contaba 14 años.








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