sábado, 1 de diciembre de 2007

Los habitantes del lugar lo denominaron “LOS HUERTOS DE VALENCIA” por su benigno clima mediterráneo, con nieves perpetuas en sus altas cimas y un calor bochornoso en los meses de verano sobre las lomas, pero precisamente en este valle reinaba un maravilloso clima templado, en donde no bajaba de los diez grados centígrados en pleno invierno ni superaba los 30 en verano. Las primaveras y los otoños eran muy agradables y sobretodo saludables para la enfermedad que sufría mi padre de tipo cardiaco. Con este clima la tierra producía toda clase de hortalizas y proliferaban rápidamente una gran variedad de árboles, desde encinas, pinos y castaños, infinidad de árboles frutales y hasta naranjos y limoneros. Su fauna era también muy variada: aves de todas clases surcaban los azules cielos y se posaban en la flora formando en ella sus preciosos nidos: águilas, buitres, cernícalos, perdices, tórtolas, palomas, zorzales, jilgueros, ruiseñores, lavanderas,... entre otras. Las especies de mamíferos presentes son: Cabra montés, jabalí, zorro, nutria, jineta, comadreja, tejón, liebre conejo, y hasta de vez en cuando se podía admirar algún ciervo o venado que se acercaban a beber agua a los remansos del río y a pastar en los sembrados cercanos a los linderos de su territorio, siempre con la precaución y el temor de que algún desaprensivo, para defender sus cosechas arremetiera en alguna ocasión con su escopeta para ahuyentarlos a sabiendas de que estaba totalmente prohibido para proteger la fauna, cosa que no ocurrió con el oso que habitaba en la altas cumbre de la Sierra de Las Villas, especialmente en una zona denominada “la osera”, donde mi padre en sus muchas excursiones los pudo presenciar en más de una ocasión y quedaron totalmente extinguidos por los cazadores furtivos.

Nosotros le pusimos el nombre de “El Cortijillo”. Ya sabéis que en Andalucía a una finca con una o varias dependencias se le llama “Cortijo”. Normalmente estas fincas son de grandes extensiones, con tierras de cultivo, olivares y cotos de caza, tienen todo tipo de animales domésticos y en algunas poseen ganaderías de toros bravos y cría de caballos.
Alrededor de una gran casa están situados los establos y otras dependencias para aperos. También se encuentran las viviendas de los trabajadores o “cortijeros”, que en ocasiones reúne hasta una docena de familias cuyos miembros colaboran en las diversas faenas de la finca, la nuestra era tan sumamente pequeña, que no llegaba ni a la categoría de “cortijillo”.
Estos cortijos normalmente se encontraban alejados de las poblaciones, no había escuela ni asistencia sanitaria, al médico se le avisaba o se llevaba al enfermo hasta el dispensario más cercano, los niños no asistían a la escuela y es por eso el alto nivel de incultura entre estas pobres gentes, todos trabajaban, hasta los menores de muy corta edad que ayudaban en algunas faenas del campo y de la granja.

No recuerdo con exactitud la extensión que tenia nuestro “cortijillo” pero jugué y lo recorrí infinidad de veces, lo conocía palmo a palmo, sabía donde se encontraba cada mata, cada piedra, todos sus recovecos y escondites trepando a menudo a todos los árboles que en él había plantados en busca de nidos o frutas maduras.

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