Carmen era la segunda, muy parecida a su padre en “genio y figura”, muy buena y cariñosa pero con tal carácter, que a veces era casi insoportable (quizás también se debía a su enfermedad), ya que siendo muy niña sufrió un accidente mal curado que la fue imposibilitando progresivamente hasta postrarla en una silla de ruedas, terminando solterona en una residencia de ancianos donde aún permanece en el día que escribo estas líneas. También era un poco egoísta pero tuvo la gran suerte de heredar las cualidades literarias de nuestro padre. Sabía muy bien recitar poesías que ella misma componía. Yo tuve muy poco contacto con ella ya que desde muy pequeña se fue a vivir con una tía (hermana de mi padre) a Madrid y solo nos veíamos las temporadas de verano que los pasaba con todos en “El Cortijillo”. A mí me alegraba mucho cuando venía pues me traía regalos y lo pasábamos estupendamente, con infinidad de juegos en los que participábamos todos, hasta mi padre que era muy ocurrente y nos hacía reír con un montón de cosas en las excursiones y veladas nocturnas. Cada año por mi cumpleaños me enviaba una carta muy cariñosa acompañada de un “DURO” ( cinco pesetas) por cada año que cumplía. El día que cumplí los 17, que ya me encontraba en el ejército y estaba en Madrid, me homenajearon con una comilona, ya que en el cuartel daban muy mal de comer, quisieron que aquel día me pusiera las botas y de postre me colocaron delante un enorme flan difícil de terminar, todas me observaban como lo miraba con asombro y en la forma de hincarle el diente a aquel enorme flan en el que habían metido al fondo del todo una moneda de 100 pesetas de plata que no pude descubrir hasta terminarlo, y ellas me animaban con entusiasmo para que me lo acabara de comer, quedé como el kiko y sorprendido de la bonita sorpresa. En aquellos tiempos 100 pesetas era una buena cantidad pues entrar al cine a ver una sesión doble costaba en una sala de barrio dos pesetas y una caña de cerveza una pts, aunque yo no bebía y prefería comprarme un buen bocadillo que venia a costar lo mismo.
La tercera; Josefina fue como una segunda madre para mi, recuerdo que desde muy niño me cuidó, atendió y me proporcionó los primeros mimos como una joven madre. Es 15 años mayor que yo y su carácter era más o menos como el de mamá, quizás un poco nerviosa, no sé si es que a mí me lo parecía porque a menudo tenía un tic nervioso con un movimiento de cabeza como si fuese una negación. Muy amante de los niños y de su hogar, vivaracha y dulce. Sus cualidades eran la danza: sabía y practicaba todo tipo de bailes regionales, desde la jota, boleros y sevillanas. Bien me acuerdo de los muy buenos ratos que nos hacía pasar amenizándonos con sus bailes y danzas al compás de los instrumentos de Pepe.
Se casó y tuvo seis hijos: Sonsoles, Teresa, Miguel, Pilin , Mari Paz y José Manuel.
Todos le han salido muy buenos y trabajadores.
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