sábado, 1 de diciembre de 2007

Plazuela de La tercia, donde mi madre Otra callejuela cerca de la plaza

me mandaba a comprar el carbón




Calle de las monjas donde estaba el primer colegio al que asistí.

De mi más corta infancia recuerdo muy poco como imagino nos pasa a todos. Lo más claro y distante que se me presenta en mi memoria es que en una ocasión me picó una avispa y alguien me puso barro en la herida para que se calmase el dolor; quizás tenía unos dos o tres años. También recuerdo la primera vez que fui al colegio, era una especie de guardería regentada por monjas Carmelitas que vestían totalmente de blanco, con una toga o especie de cubrecabezas del mismo color, muy amplio formando un largo pico a cada lado, siempre pulcramente limpias, llevaban una especie de cinturón ancho del que colgaba un rosario con una cruz en el extremo que nos obligaban a besar cuando nos acercábamos a ellas. En el mismo edificio había otras clases de grados superiores, también un hospital y una iglesia que la denominaban “la iglesia de las monjas”. Un gran patio de recreo y otro con espléndidos jardines que nos estaba prohibido. Nuestra aula era muy grande y con muchos pupitres, al fondo y sobre una especie de tarima elevada estaba la maestra o cuidadora que se llamaba Sor Cecilia y era muy dulce y cariñosa. A los niños que se portaban mal los castigaba a hacer labores propias de las niñas o viceversa, a mí me toco en más de una ocasión estar bordando en una especie de bastidor, aguja hacia dentro y luego para fuera, hasta que terminabas un dibujito o te levantaba el castigo. A los que se portaban bien les obsequiaba con recortes de Sagrada Forma, que era una especie de olea sin olor ni sabor, pero a nosotros aquello nos parecía algo muy importante y sagrado. Había otras monjas que no eran tan buenas y zurraban de lo lindo, su especialidad era dar pellizcos retorcidos y tirones de las orejas que a veces nos hacían sangrar.


Es de suponer que de muy pocas cosas me puedo acordar a la edad de 6 a 8 años, no obstante recuerdo algunos por los recados que mi madre me mandaba hacer y especialmente comprando en los carritos de chuches.

Tengamos en cuenta los sueldos y jornales que por aquellos tiempos se pagaban.

Un jornalero por los años 40 ganaba unas 3 pesetas diarias.

Un funcionario ganaba unas 150 pesetas al mes

Un barrendero ...................... .80 “ “

Un alguacil (policía local).......120 “ “

Un maestro titular...................180

El médico local.......................250 “ “


Como ejemplo puedo detallar algunos de los precios más frecuentes:

Carbón .................................0.25 pts. 1 kg.

Naranjas................................0.50 “ “

Azúcar...................................1.50 “ “

Aceite de oliva.......................1.75 “ “

Harina....................................1.20 “ “

Café.......................................3.00 “ “

Vino.......................................0.75 pts litro

Leche....................................0.50 “ “

Un chato de vino en un bar...0.25 “

Un café en un bar normal....1.00 “

Un caramelo..........................0.05 “

Un chicle................................0.10 “

Una bolsa de pipas................0.05 “

Entrada al cine (gallinero)...0.30 pts.

Entrada al cine butaca.........0.50 “

Unas alpargatas...................5.00 “

4 fotos de carné...................10.00 “

Un par de zapatos de niño muy normalitos podría llegar hasta 50 pesetas

Y un traje confeccionado en una de las sastrerías del pueblo hasta 200.

Un balón de futbol reglamentario podría costar hasta 50 pesetas, los juguetes para el día de Reyes (era la única ocasión que se compraban juguetes), resultaban totalmente prohibitivos para gentes humildes como nosotros, solo reservado a los ricos.

Nunca olvidaré la envidia que pasaba al ver a pocos niños que calzaban zapatos de la marca GORILA , que al comprarlos les regalaban una pelotita pequeña de goma. Yo calzaba alpargatas en verano y unas buenas botas de cuero que me mandaban mis hermanas de Madrid y las untaba con manteca de cerdo para que aguantaran mejor las inclemencias del tiempo; los calcetines siempre heredados de mis mayores, remendados y la mayor parte del tiempo con grandes agujeros.

Para comprar unos zapatos cualquier persona humilde debería trabajar más de diez días.


Imaginad lo que tenía que hacer por ejemplo un obrero para comer una familia de 4 miembros ganando tres pesetas diarias, al ama de la casa solía cocinar un único plato para todo el día, normalmente compuesto por un potaje de legumbres o patatas acompañado de verduras y muy poca carne, en alguna familia que disponían de granja, de vez en cuando se sacrificaba un ave de corral o conejo, siempre en contadas ocasiones y por el motivo de alguna celebración.

Recuerdo que en muchas ocasiones mi desayuno se basaba en un mendrugo de pan duro del día anterior y cuando las cosas marchaban mejor se hacía un café de malta o cebada torrefactada; el café puro resultaba prohibitivo incluso para gente pudiente.


La gran dificultad existente en aquellas fechas que duró aproximadamente diez años, desde el fin de la guerra hasta casi 1950, era el sistema de racionamiento de alimentos de primera necesidad; los precios que he reseñado anteriormente se podían disparar diez veces comprados de estraperlo.

A la salida y entrada de los pueblos existía un control municipal donde se fiscalizaban las entradas y salidas de productos especialmente alimenticios, por lo que muchos estraperlistas tenían que recorrer grandes trechos dando rodeos a la entrada de las ciudades para evitar ser controlados y no tener que pagar los elevados impuestos o se los requisaban.

Imaginad que la picaresca estaba a la orden del día; en una ocasión timaron a mi padre que le vendieron una garrafa de aceite, que aún siendo excesivamente caro le endosaron un recipiente con agua y algo de aceite en la superficie y a pesar de que el comprador introducía el dedo para comprobar su contenido; cuando llegó a casa y al traspasarlo a unas botellas comprobaron el timo con gran decepción, que no se podía denunciar por estar prohibido tanto para el vendedor como para el comprador.









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