sábado, 1 de diciembre de 2007

Mi madre siendo joven y poco antes de morir


Mi madre era una Santa; pizpireta, muy bajita y por las fotos que he visto fue guapísima de joven; digo por las fotos que he visto, porque a mí me tuvo a los 45 años y con el recuerdo más lejano que tengo de ella, siempre que cierro los ojos se me presenta la figura de una mujer vieja, ajada, triste y pobre; aquellos eran muy malos tiempos pero a pesar de todas las carencias de la época, nunca nos faltó un pedazo de pan para llevarnos a la boca y a mí me dio el pecho casi hasta después de cumplidos los tres años, por eso me crié gordito y hermoso. Aún me llega a la memoria el primer recuerdo de mi más tierna infancia:<> A mí siempre me pareció muy guapa hasta el momento de su muerte a los 96 años. Tenía la piel muy fina parecida a la porcelana china y unas manos muy delicadas y bonitas que me encantaban acariciar cada vez que estaba junto a ella.
Y digo que fue una Santa porque tuvo la paciencia de aguantar a ese hombre, al que nunca supe si le llegó a querer durante casi 50 años, y supo criar a sus siete hijos que trajo al mundo, de los cuales uno se le murió a los dos añitos, con el más dulce cariño y bondad que pueda tener la mejor madre del mundo. Tampoco le importaba nada el dinero, le era muy necesario para atender a una familia tan numerosa pero siempre supo arreglárselas para que no nos faltase lo más imprescindible de aquellos difíciles tiempos. Todo lo mejor que poseía lo ofrecía siempre a los que le rodeaban, cuando se servía el plato de comida que contenía tajadas de carne ella nunca se las ponía dándoselas a los demás. Era una gran cocinera de las que con cualquier tipo de condimento hacía unos platos y unos guisos que te chupabas los dedos.
Podría escribir un montón de páginas sobre ella; su carácter que era muy dulce, tranquilo y apacible, sus anécdotas y grandes dotes de buen humor, pero me basta con decir que la quería más que a nada en el mundo, aún la sigo queriendo y creo que ha sido la única mujer que ha llenado plenamente mi corazón, siempre la he recordado y aún la tengo en mi mente como la mejor de las madres, y no porque yo en especial fuese su predilecto. Estoy completamente seguro de que se encuentra en el Cielo o allá a donde van a parar las personas buenas de este mundo. Tuvo demasiada paciencia y recuerdo que cuando murió mi padre, la oí decir una frase que me emocionó enormemente Y efectivamente; no había pasado un año y todos la encontramos bastante cambiada; rejuveneció más de diez años, su cara reflejaba alegría y tranquilidad y en absoluto la oímos mencionar a su difunto marido. Jamás habló mal y siempre que se refería a él lo hacía con puntos suspensivos

No hay comentarios: