sábado, 1 de diciembre de 2007

He pensado poner el presente título a este puñado de páginas porque quiero dedicarlo a todos mis descendientes, para que en un futuro puedan perder un poco de su tiempo libre en leer estas líneas en las que quiero dejar constancia sobre algunos pasajes de mi vida. Desde donde alcance mi memoria y hasta que ésta me falle.
Anécdotas y curiosidades diversas que posiblemente os hagan reír, pasar un buen rato y al mismo tiempo podáis conocer las distintas etapas por las que he pasado y vivido.


Sóller, (Mallorca) Diciembre 2004

PRIMERA PARTE

INFANCIA Y PUBERTAD

Hasta los dieciséis años en Villacarrillo y Mogón

Al finalizar la Guerra Civil Española en 1,939 y debido a las participaciones que mi padre había prestado a las tropas del General Franco fue condecorado y nombrado Jefe Local del Movimiento y Alcalde de VILLACARRILO.

Este fue el lugar donde mi madre me trajo a este Mundo en una calurosa tarde del día 5 de julio de 1.940.

VILLACARRILLO: Municipio de España en la provincia de Jaén, situado en las lomas de Úbeda a 89 km. De la capital, contiene 9 municipios y en aquella época tenia unos 50,000 habitantes, de los que en la actualidad, debido a la gran masa de inmigración por la carencia de trabajo quedan bastante menos. (Unos diecisiete mil

Aquí es donde viví durante mis primeros 14 años, alternando con la pequeña villa de Mogón que se encuentra a ocho kilómetros en donde pasábamos largos periodos de tiempo en una pequeña finca que mi padre adquirió para (su reposo y disfrute) de la tranquilidad del campo y en contacto directo con la Naturaleza.
Se encuentra a unos tres kilómetros del pueblo y está situada en el centro de un pequeño y precioso valle, surcada por el río Alguacebas (afluente del Guadalquivir, que en tiempo de los árabes se denominó GUADELCEBAS , según dicen significa “RIO DE LOS PECES”) que desemboca en éste por el centro del villorrio dividiéndolo en dos barriadas pegadas a sus márgenes y viviendas diseminadas, con pequeñas huertas donde se cultivan todo tipo de hortalizas, multitud de árboles frutales y rodeada de montes plantados de olivos perfectamente alineados desde donde se divisa a lo lejos la escarpada Sierra de Las Villas.
Vista panorámica de Mogón
Vista parcial de Mogón y rió Guadalquivir en invierno

Los habitantes del lugar lo denominaron “LOS HUERTOS DE VALENCIA” por su benigno clima mediterráneo, con nieves perpetuas en sus altas cimas y un calor bochornoso en los meses de verano sobre las lomas, pero precisamente en este valle reinaba un maravilloso clima templado, en donde no bajaba de los diez grados centígrados en pleno invierno ni superaba los 30 en verano. Las primaveras y los otoños eran muy agradables y sobretodo saludables para la enfermedad que sufría mi padre de tipo cardiaco. Con este clima la tierra producía toda clase de hortalizas y proliferaban rápidamente una gran variedad de árboles, desde encinas, pinos y castaños, infinidad de árboles frutales y hasta naranjos y limoneros. Su fauna era también muy variada: aves de todas clases surcaban los azules cielos y se posaban en la flora formando en ella sus preciosos nidos: águilas, buitres, cernícalos, perdices, tórtolas, palomas, zorzales, jilgueros, ruiseñores, lavanderas,... entre otras. Las especies de mamíferos presentes son: Cabra montés, jabalí, zorro, nutria, jineta, comadreja, tejón, liebre conejo, y hasta de vez en cuando se podía admirar algún ciervo o venado que se acercaban a beber agua a los remansos del río y a pastar en los sembrados cercanos a los linderos de su territorio, siempre con la precaución y el temor de que algún desaprensivo, para defender sus cosechas arremetiera en alguna ocasión con su escopeta para ahuyentarlos a sabiendas de que estaba totalmente prohibido para proteger la fauna, cosa que no ocurrió con el oso que habitaba en la altas cumbre de la Sierra de Las Villas, especialmente en una zona denominada “la osera”, donde mi padre en sus muchas excursiones los pudo presenciar en más de una ocasión y quedaron totalmente extinguidos por los cazadores furtivos.

Nosotros le pusimos el nombre de “El Cortijillo”. Ya sabéis que en Andalucía a una finca con una o varias dependencias se le llama “Cortijo”. Normalmente estas fincas son de grandes extensiones, con tierras de cultivo, olivares y cotos de caza, tienen todo tipo de animales domésticos y en algunas poseen ganaderías de toros bravos y cría de caballos.
Alrededor de una gran casa están situados los establos y otras dependencias para aperos. También se encuentran las viviendas de los trabajadores o “cortijeros”, que en ocasiones reúne hasta una docena de familias cuyos miembros colaboran en las diversas faenas de la finca, la nuestra era tan sumamente pequeña, que no llegaba ni a la categoría de “cortijillo”.
Estos cortijos normalmente se encontraban alejados de las poblaciones, no había escuela ni asistencia sanitaria, al médico se le avisaba o se llevaba al enfermo hasta el dispensario más cercano, los niños no asistían a la escuela y es por eso el alto nivel de incultura entre estas pobres gentes, todos trabajaban, hasta los menores de muy corta edad que ayudaban en algunas faenas del campo y de la granja.

No recuerdo con exactitud la extensión que tenia nuestro “cortijillo” pero jugué y lo recorrí infinidad de veces, lo conocía palmo a palmo, sabía donde se encontraba cada mata, cada piedra, todos sus recovecos y escondites trepando a menudo a todos los árboles que en él había plantados en busca de nidos o frutas maduras.
Teníamos un pequeño olivar en la ladera de un monte frente a la casa, separado por un camino vecinal por donde de vez en cuando transitaba algún caminante que iba o venia de la sierra al pueblo, normalmente con caballerías cargadas con productos del campo que vendían o trocaban por artículos de los que carecían en sus lejanos lugares de origen: herramientas, tejidos, café, azúcar, etc, etc. Casi siempre iban cantando y jamás dejaban de saludar al cruzarse con otro viandante y cuando pasaban por delante de nuestra casa, a veces, paraban para refrescarse con un trago del botijo, siempre rezumante de agua fresca que estaba colgado a la sombra del cobertizo, echaban una parrafada y continuaban su camino. Eran gentes de escasísima cultura pero sencillas, nobles, humildes y muy respetuosas. A mi padre todos le llamaban Don José, le hacían preguntas y le pedían consejos sobre asuntos de papeleos, pleitos y cosas que ellos desconocían, le quedaban muy agradecidos y en alguna ocasión nos obsequiaban con algún presente

En la parte baja del camino había un trozo de terreno de secano de unos 300 m. de largo por 40 de ancho, a esto le llamábamos “el calar” y era donde normalmente se sembraban los cereales y las legumbres: trigo, cebada, garbanzos y lentejas.
En el mismo lindero con el vecino apodado “El Ciaco” había una gran encina productora de dulces y sabrosas bellotas, desde ahí partía un pequeño sendero que conducía a la casa, ésta era tan pequeña que solo contenía dos dependencias: nada más entrar se encontraba el comedor-sala de estar en donde había una rudimentaria chimenea que hacía las veces de cocina y calefacción; como mobiliario una tosca mesa de madera, unas cuantas sillas con asientos trenzados de cuerda y estanterías por las paredes llenas de platos, cazuelas, sartenes y otros diversos utensilios; Aquí solo permanecíamos cuando hacia mucho frío, mi padre encendía una gran fogata en la que nos acurrucábamos a su alrededor y mi madre cocinaba sabrosos pucheros de variados guisos y potajes, en ocasiones se preparaba alguna torrada con carne, panceta, chorizos, morcillas y otras riquísimas viandas que nos sabían a gloria.

En ocasiones mi padre nos leía aventuras de Julio Verne y nos contaba historias de terror a la luz del candil que a mí me ponían los pelos de punta y me iba a la cama con más miedo que vergüenza.

La segunda dependencia hacía las veces de dormitorio y despensa, ya que aquí se guardaba todo aquello que servía para comer: bajo las camas metían el grano y frutos secos, en un rincón había una serie de tinajas de distintos tamaños con la matanza en conserva, garrafas con aceite, otras con vino y una muy grande para conservar el pan, que cada dos semanas se preparaba una gran hornada que a su vez, también se elaboraban dulces y diversas pastas típicas del lugar, ese día era sumamente especial porque nos poníamos morados de pan caliente y pastas recién salidas del horno. Me encantaba jugar con un trozo de masa con la que hacía variadas figurillas que metía en el horno y después me las comía.
De las vigas del techo que casi se podían tocar con las manos colgaban grandes racimos de uvas, granadas, membrillos, melones, chorizos, jamones, ristras de pimientos, ajos y tomates secos; en las paredes había una serie de estanterías en las que se colocaban los tarros con las conservas que preparábamos con los productos cosechados de la huerta: mermeladas de todo tipo, pisto, pimientos asados, tomate natural y frito, envinagrados, etc.
Dormir en aquel lugar era como estar en un gran almacén de variados olores y esencias, que sin llegar a molestar, hasta te ayudaban a conciliar el sueño.

A la derecha de la casa había una era donde se trillaban los cereales, se aventaban cuando el viento soplaba de forma adecuada y después de limpiar el grano se metía en sacos para llevar al molino o para guardar. Algunos días de mucho bochorno el viento se negaba a soplar y permanecíamos impasibles bajo el porche sin poder hacer nada; Por el contrario, ( en raras ocasiones) el viento soplaba demasiado fuerte o aparecía una de aquellas típicas tormentas de verano y todos corríamos a cubrir la mies para que no se mojara.


Panorámica de la finca: a la derecha la ladera con los olivos, separado por el camino “el calar”, separado por el caz está la huerta y el río abajo en primer plano

El calar, a la derecha el camino que separaba al olivar, sobre el punto blanco se encontraba la casa y por la vegetación de la izquierda circulaba el caz.

Un pequeño caz de regadío que pasaba por detrás de la casa, separaba la zona de secano con la huerta donde estaban las plantaciones en pequeños grupos de hortalizas diversas: pimientos, tomates, berenjenas, judías, maíz, girasoles y una gran variedad de árboles frutales: melocotoneros, perales, ciruelos, caquis, membrillos, manzanos, avellanos y un sinfín de ellos más, entre los que se encontraban unas cuantas higueras de frutos blancos y negros, a las que muchas mañanas me gustaba trepar a ellas con un trozo de pan bajo el brazo y me ponía morado de higos frescos, aún con alguna gota de rocío. También teníamos dos grandes cerezos, uno de ellos era tan robusto que no lo podía abrazar, producían unas cerezas rojas y sabrosísimas que en la época de recolección trepaba a ellos como un verdadero chimpancé hasta las ramas más altas donde se encontraban los frutos más maduros y me ponía como El Kiko. Un crudo invierno que hizo mucho viento y llovió intensamente se produjo una gran riada y el que se encontraba más próximo al río se tumbó, estaba totalmente florecido y era un espectáculo ver aquella mole sobre la tierra, como un gigante abatido; algunas raíces que quedaron enganchadas a la tierra le permitieron seguir alimentándose antes de morir para producir su última cosecha, la que pudimos muy bien aprovechar sin necesidad de trepar. Mi padre le dedicó una bonita poesía.
Con las ramas y el resto de los despojos se encendió una gran hoguera el día de La Candelaria. Por allí existía la costumbre de organizar grandes fogatas quemando todo aquello que puede arder y que ya no sirve para nada, para rendir culto y despedir al invierno.
Esa noche arden cientos de luminarias por todas partes; la gente canta, ríe, baila, come y bebe. Por último, se reza una oración dando gracias a Dios por las lluvias con las que nos ha obsequiado regando nuestros campos. A partir de esta fecha es el mejor momento para comenzar con las siembras de la huerta, empezando con las patatas, ajos, cebollas, etc.


A UN CEREZO CAIDO


El viento de ayer noche hizo daño en mi huerto.
A un hermano cerezo derribó sin piedad
y yace sobre el suelo, tendido como un muerto,
bajo el dosel del cielo, cara a la eternidad.

Lo amortaja de blanco la sabia en flor vestida.
Su fruto queda exagüe apenas en embrión.
En plena primavera abandona la vida...
¡Cuando todo es promesa se pierde una ilusión!

He pasado unas horas contemplando sus ramas
que parecen aún vivas; pero que han muerto ya.
¡Cuando pienso que puede ser pasto de las llamas
y las supongo ardiendo no sé que me da!

Me dicen los artífices que pagan su madera;
comprendo que sus tablas muy apreciadas son;
pero yo no lo vendo: ¡De ninguna manera!
¡El precio de su muerte me hiere el corazón!

En medio de la huerta quisiera abrir su fosa
y allí enterrar sus restos con gran ceremonial
y sobre su sepulcro colocar una losa
con la hermosa leyenda de todo un historial.

Pero esto no es posible; y contemplo sus flores
que, mustias y marchitas, me inspiran compasión.
Su incógnito destino me dice los dolores
que siembra por doquiera la humana condición.

Mientras el árbol vive se aprovecha su vida.
Su muerte, cuando llega, se aprovecha lo mismo;
que todo para el hombre es precio, peso y medida
¡Nada, nada perdona el humano egoísmo!

Yo no vendo el cerezo. Que lo destruya el viento
sobre el trozo de tierra que le puso al caer.
¡Yo no quiero en mi alma ningún remordimiento!
y al menos, aunque muerto, que yo lo pueda ver.
*******





Mi familia era bastaste completa; compuesta por mis padres y seis hermanos de los que yo era el más pequeño.
El mayor era Pepe que me sacaba 18 años, luego venia Carmen (mi madrina), a continuación Josefina, a ésta la seguía Angelines, después Enrique y por último yo que tenía 7 años menos que él. También teníamos un perro muy bonito de raza indefinida, muy noble e inteligente que se llamaba Buchichi, una especie de mezcla de Lulú con algún otro desconocido; peludo, negro con manchas blancas, de un tamaño medio, con la cola en arco hacia el lomo y la punta blanca, casi siempre me acompañaba a todas partes; asimismo teníamos un gato que en raras ocasiones atendía por el nombre de Patricio, casi siempre estaba perdido por el campo cazando y en raras ocasiones se le podía ver por la casa menos los días fríos que se arrimaba a la lumbre para calentarse; dócil e inofensivo pero poco cariñoso como todos los gatos. Ya dice el refrán: “El perro quiere y el gato se deja querer”.

Cada miembro de mi familia tenía unas cualidades artísticas o personales:
Mi padre era un hombre muy culto; entendía, conocía y sabía hacer de todo.
Yo al ser el menor de la casa muy poco puedo conocer de él, solo lo que me han contado mi madre y hermanos mayores.
Gran aficionado a las letras, escribió para varios periódicos y revistas, compuso obras teatrales y seriales radiofónicos, fue fundador de la revista GREDOS, entendía mucho de animales y escribió tres manuales: de Avicultura, Apicultura y Cunicultura. Una vez estuvieron a mi alcance en una librería de Madrid y me arrepiento de no haberlos comprado por falta de medios económicos, era muy joven y no disponía de dinero ni para un bocadillo que me habría caído mejor en aquellos momentos.
Poseía unas grandes dotes para la poesía y tenía una gran habilidad para la narrativa con lo que nos deleitaba por las noches antes de ir a la cama en invierno, al calor del fuego y con la luz del candil y en verano a la luz de la luna, frente a la casa, donde también nos enseñó y practicábamos el secreto de las sombras chinescas.
Recuerdo que pasaba largos ratos fascinado escuchándole con cara de bobo y en ocasiones cagadito de miedo cuando se trataba de alguna historia de suspense o de terror, de las que acostumbraba a contar muy a menudo para partirse de risa viéndome la cara que ponía.
Fue un hombre muy leal, justo y honrado: muy amante de la naturaleza, de los necesitados, de los animales, de Dios y de su Patria. Era humorista, cantaba, reía y hacía reír con su infinidad de ocurrencias y anécdotas. No daba ninguna importancia al dinero. Para él, la honradez y la verdad era lo más importante en la vida. Le encantaba el montañismo, la naturaleza, el campo y la soledad. Era muy alto y bien parecido, con el pelo claro y los ojos grises. Yo le tenía un profundo respeto que a veces se tornaba en “miedo”. Murió bastante joven, a los 67 años y de una enfermedad del corazón que heredó de su padre, única herencia que a mí también me dejó, junto con alguna de sus buenas cualidades, gustos y aficiones; aunque también tuve la mala suerte de parecerme a él en su endemoniado carácter y mal genio, pero estoy en la certeza de que esto es debido a la mala leche que arrastramos, por vernos con nuestra enfermedad sabiendo lo mucho que amamos la vida y pensando en lo poco que nos queda.
Nació en Barcelona de la que parece ser no se sentía muy orgulloso, porque en ocasiones le he oído hablar mal o criticar a los catalanes a los que no tenía demasiada simpatía, y por el contrario, estaba muy orgulloso de sus orígenes y antepasados que pertenecieron a Castilla la Vieja y Extremadura. Presumía de que fueron grandes conquistadores y colonizadores del continente americano en los tiempos de Francisco Pizarro al que acompañaron en sus correrías fundando y gobernando ciudades del Nuevo Mundo. También le oí hablar en ocasiones de un tío suyo, hermano de su padre , que fue Ministro de justicia durante el reinado de Alfonso XIII, Era un gran amante de Castilla, de su nobleza y estirpe, a los que denominaba como “CABALLEROS DE LA MANO EN EL PECHO”

Nació en Barcelona de la que parece ser no se sentía muy orgulloso, porque en ocasiones le he oído hablar mal o criticar a los catalanes a los que no tenía demasiada simpatía, y por el contrario, estaba muy orgulloso de sus orígenes y antepasados que pertenecieron a Castilla la Vieja y Extremadura. Presumía de que fueron grandes conquistadores y colonizadores del continente americano en los tiempos de Francisco Pizarro al que acompañaron en sus correrías fundando y gobernando ciudades del Nuevo Mundo. También le oí hablar en ocasiones de un tío suyo, hermano de su padre , que fue Ministro de justicia durante el reinado de Alfonso XIII, Era un gran amante de Castilla, de su nobleza y estirpe, a los que denominaba como “CABALLEROS DE LA MANO EN EL PECHO”

En su bautismo actuó como padrino el Presidente del Consejo de Ministros de España Don José Canalejas


http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Canalejas

Mis padres cuando yo nací

Mi madre siendo joven y poco antes de morir


Mi madre era una Santa; pizpireta, muy bajita y por las fotos que he visto fue guapísima de joven; digo por las fotos que he visto, porque a mí me tuvo a los 45 años y con el recuerdo más lejano que tengo de ella, siempre que cierro los ojos se me presenta la figura de una mujer vieja, ajada, triste y pobre; aquellos eran muy malos tiempos pero a pesar de todas las carencias de la época, nunca nos faltó un pedazo de pan para llevarnos a la boca y a mí me dio el pecho casi hasta después de cumplidos los tres años, por eso me crié gordito y hermoso. Aún me llega a la memoria el primer recuerdo de mi más tierna infancia:<> A mí siempre me pareció muy guapa hasta el momento de su muerte a los 96 años. Tenía la piel muy fina parecida a la porcelana china y unas manos muy delicadas y bonitas que me encantaban acariciar cada vez que estaba junto a ella.
Y digo que fue una Santa porque tuvo la paciencia de aguantar a ese hombre, al que nunca supe si le llegó a querer durante casi 50 años, y supo criar a sus siete hijos que trajo al mundo, de los cuales uno se le murió a los dos añitos, con el más dulce cariño y bondad que pueda tener la mejor madre del mundo. Tampoco le importaba nada el dinero, le era muy necesario para atender a una familia tan numerosa pero siempre supo arreglárselas para que no nos faltase lo más imprescindible de aquellos difíciles tiempos. Todo lo mejor que poseía lo ofrecía siempre a los que le rodeaban, cuando se servía el plato de comida que contenía tajadas de carne ella nunca se las ponía dándoselas a los demás. Era una gran cocinera de las que con cualquier tipo de condimento hacía unos platos y unos guisos que te chupabas los dedos.
Podría escribir un montón de páginas sobre ella; su carácter que era muy dulce, tranquilo y apacible, sus anécdotas y grandes dotes de buen humor, pero me basta con decir que la quería más que a nada en el mundo, aún la sigo queriendo y creo que ha sido la única mujer que ha llenado plenamente mi corazón, siempre la he recordado y aún la tengo en mi mente como la mejor de las madres, y no porque yo en especial fuese su predilecto. Estoy completamente seguro de que se encuentra en el Cielo o allá a donde van a parar las personas buenas de este mundo. Tuvo demasiada paciencia y recuerdo que cuando murió mi padre, la oí decir una frase que me emocionó enormemente Y efectivamente; no había pasado un año y todos la encontramos bastante cambiada; rejuveneció más de diez años, su cara reflejaba alegría y tranquilidad y en absoluto la oímos mencionar a su difunto marido. Jamás habló mal y siempre que se refería a él lo hacía con puntos suspensivos
Pepe y mi padre en el estudio fotográfico.

Pepe era el mayor de los hermanos, no se parecía en casi nada a nuestro padre sino todo lo contrario. Era extremadamente tranquilo, como mi madre pero éste ya se pasaba, hablaba muy poco, pausado y silencioso, tenia muy buenas ocurrencias y a pesar de ser tan calladito, cuando abría la boca era para hacer reír a chicos y grandes con sus buenos golpes de buen humor, para contar un chiste se tomaba a veces hasta una hora, lo adornaba y narraba de tal manera que describía a los personajes y los momentos, que al final teníamos que reírnos aunque no tuviera gracia, a veces se interrumpía preguntándose ¿por donde iba?, teníamos que orientarle y continuaba con la narración del chiste o historia. Siempre estaba de muy buen humor, jamás le vi enfadado o al menos nunca lo expresaba, aunque también pasó lo suyo. Era mañoso y con grandes cualidades para la inventiva; sabía hacer de todo, siempre estaba con experimentos o inventando alguna cosa, cuando algo le salía bien después de haber pasado horas encerrado en un cuarto y al cabo de varios días, salía dando gritos ¡EUREKA! ¡EUREKA! y ya sabíamos que el invento le había salido bien, porque hasta los vecinos podían oírle. Cuando se casó construyó todos los muebles de su casa y hasta una vez se fabricó una cámara de hacer fotos con algunos materiales de deshecho y piezas de madera pulimentadas por él mismo que llegó a funcionar perfectamente. En otra ocasión construyó un aparato receptor de radio de galena, los auriculares eran unos cables conectados al aparato y a unas tapas de cajitas de betún que te colocabas en las orejas sujetándolas con ambas manos se podía escuchar la emisora sintonizada con una especia de aguja que se paseaba por la piedra de galena hasta que se localizaba una emisora. Todos opinamos que se escuchaba muy bajito y el resultado fue que construyó unos altavoces con unos platos de aluminio de aquellos que daban a los soldados en la guerra, con los cuales ya se oía mucho mejor, pues ya nos ves a toda la familia alrededor de aquel artilugio escuchando la emisora sintonizada que normalmente eran locales o de corto alcance, pero a continuación instaló una antena en el tejado de la casa y ya se podían sintonizar hasta emisoras extranjeras.

Aprendió relojería por sí mismo armando y desarmando relojes viejos, de vez en cuando oíamos el ya famoso “EUREKA” y nos traía el reloj que funcionaba a la perfección (bueno, es un decir porque se adelantaba o retrasaba lo que él quería) pero insistía hasta que lo ponía a punto. En una ocasión que le observé en sus quehaceres inventivos, me di cuenta que estaba pulimentando una moneda de cinco céntimos y haciendo con ella una especie rueda de engranaje, efectivamente era para algún aparato que necesitaba dicha rueda y la hacía a la medida exacta .A la gente del barrio le arreglaba todo tipo de cachivaches y aparatos electrodomésticos de aquella época que eran escasos, ya que por entonces empezaron a aparecer en el mercado las primeras planchas eléctricas y muy pocos se permitían el lujo de poseer un aparato de radio. Nosotros teníamos uno de la marca MARCONI grandote y de madera.

Era muy aficionado a la música, dominaba varios instrumentos especialmente la bandurria, el laúd y la guitarra española, perteneció a la rondalla del pueblo y en infinidad de ocasiones nos amenizaba con un concierto de música, a mí me gustaba mucho oírle tocar “EL SITIO DE ZARAGOZA”, era una pieza musical muy larga y me encantaba, sobretodo cuando imitaba el sonido de los clarines y los tambores golpeando con los dedos sobre la madera del instrumento.

Contrajo matrimonio con una chica del pueblo llamada Francisca que era muy inculta, no sabía leer ni escribir pero muy buena y excelente administradora de su casa. Se amaron intensamente, tuvieron dos hijas: Rosa Mari y Josefina de la que yo fui padrino de pila cuando solo contaba 14 años.









Carmen, Josefina y Angelines. Mi sobrina Rosamari y yo con 14 años

Carmen era la segunda, muy parecida a su padre en “genio y figura”, muy buena y cariñosa pero con tal carácter, que a veces era casi insoportable (quizás también se debía a su enfermedad), ya que siendo muy niña sufrió un accidente mal curado que la fue imposibilitando progresivamente hasta quedar postrada en una silla de ruedas, terminando solterona en una residencia de ancianos donde aún permanece en el día que escribo estas líneas. También era un poco egoísta pero tuvo la gran suerte de heredar las cualidades literarias de nuestro padre. Sabía muy bien recitar poesías que ella misma componía. Yo tuve muy poco contacto con ella ya que desde muy pequeña se fue a vivir con una tía (hermana de mi padre) a Madrid y solo nos veíamos las temporadas de verano que los pasaba con todos en “El Cortijillo”. A mí me alegraba mucho cuando venía pues me traía regalos y lo pasábamos estupendamente con infinidad de juegos en los que participábamos todos, hasta mi padre que era muy ocurrente y nos hacía reír con un montón de cosas en las excursiones y veladas nocturnas. Cada año por mi cumpleaños me enviaba una carta muy cariñosa acompañada de un “DURO” ( cinco pesetas) por cada año que cumplía. El día que cumplí los 17, que ya me encontraba en el ejército y estaba en Madrid, me homenajearon con una comilona, ya que en el cuartel daban muy mal de comer, quisieron que aquel día me pusiera las botas y de postre me colocaron delante un enorme flan difícil de terminar, todas me observaban como lo miraba con asombro y en la forma de hincarle el diente a aquel enorme flan en el que habían metido al fondo del todo una moneda de 100 pesetas de plata que no pude descubrir hasta terminarlo, y ellas me animaban con entusiasmo para que me lo acabara de comer, quedé como el kiko y sorprendido de la bonita sorpresa. En aquellos tiempos 100 pesetas era una buena cantidad pues entrar al cine a ver una sesión doble costaba en una sala de barrio dos pesetas y una caña de cerveza una pts, aunque yo no bebía y prefería comprarme un buen bocadillo que venia a costar lo mismo.

La tercera, Josefina fue como una segunda madre para mí, recuerdo que desde muy niño me cuidó, atendió y me proporcionó los primeros mimos como una joven madre. Es 15 años mayor que yo y su carácter era más o menos como el de mamá, quizás un poco nerviosa, no sé si es que a mí me lo parecía porque a menudo tenía un tic nervioso con un movimiento de cabeza como si fuese una negación o hiciera el movimiento de espantar una mosca. Muy amante de los niños y de su hogar, vivaracha y dulce. Sus cualidades eran la danza: sabía y practicaba todo tipo de bailes regionales, desde la jota, boleros y sevillanas. Bien me acuerdo de los muy buenos ratos que nos hacía pasar amenizándonos con sus bailes y danzas al compás de los instrumentos de Pepe.

Se casó y tuvo seis hijos: Sonsoles, Teresa, Miguel, Pilin , Mari Paz y José Manuel.

Todos le han salido muy buenos y trabajadores.



Carmen era la segunda, muy parecida a su padre en “genio y figura”, muy buena y cariñosa pero con tal carácter, que a veces era casi insoportable (quizás también se debía a su enfermedad), ya que siendo muy niña sufrió un accidente mal curado que la fue imposibilitando progresivamente hasta postrarla en una silla de ruedas, terminando solterona en una residencia de ancianos donde aún permanece en el día que escribo estas líneas. También era un poco egoísta pero tuvo la gran suerte de heredar las cualidades literarias de nuestro padre. Sabía muy bien recitar poesías que ella misma componía. Yo tuve muy poco contacto con ella ya que desde muy pequeña se fue a vivir con una tía (hermana de mi padre) a Madrid y solo nos veíamos las temporadas de verano que los pasaba con todos en “El Cortijillo”. A mí me alegraba mucho cuando venía pues me traía regalos y lo pasábamos estupendamente, con infinidad de juegos en los que participábamos todos, hasta mi padre que era muy ocurrente y nos hacía reír con un montón de cosas en las excursiones y veladas nocturnas. Cada año por mi cumpleaños me enviaba una carta muy cariñosa acompañada de un “DURO” ( cinco pesetas) por cada año que cumplía. El día que cumplí los 17, que ya me encontraba en el ejército y estaba en Madrid, me homenajearon con una comilona, ya que en el cuartel daban muy mal de comer, quisieron que aquel día me pusiera las botas y de postre me colocaron delante un enorme flan difícil de terminar, todas me observaban como lo miraba con asombro y en la forma de hincarle el diente a aquel enorme flan en el que habían metido al fondo del todo una moneda de 100 pesetas de plata que no pude descubrir hasta terminarlo, y ellas me animaban con entusiasmo para que me lo acabara de comer, quedé como el kiko y sorprendido de la bonita sorpresa. En aquellos tiempos 100 pesetas era una buena cantidad pues entrar al cine a ver una sesión doble costaba en una sala de barrio dos pesetas y una caña de cerveza una pts, aunque yo no bebía y prefería comprarme un buen bocadillo que venia a costar lo mismo.

La tercera; Josefina fue como una segunda madre para mi, recuerdo que desde muy niño me cuidó, atendió y me proporcionó los primeros mimos como una joven madre. Es 15 años mayor que yo y su carácter era más o menos como el de mamá, quizás un poco nerviosa, no sé si es que a mí me lo parecía porque a menudo tenía un tic nervioso con un movimiento de cabeza como si fuese una negación. Muy amante de los niños y de su hogar, vivaracha y dulce. Sus cualidades eran la danza: sabía y practicaba todo tipo de bailes regionales, desde la jota, boleros y sevillanas. Bien me acuerdo de los muy buenos ratos que nos hacía pasar amenizándonos con sus bailes y danzas al compás de los instrumentos de Pepe.
Se casó y tuvo seis hijos: Sonsoles, Teresa, Miguel, Pilin , Mari Paz y José Manuel.
Todos le han salido muy buenos y trabajadores.


Angelines fue la cuarta de los hermanos, era el fiel reflejo de nuestra madre, ahora cuando la veo y hablo con ella me la recuerda muchísimo: pequeñita y pizpireta de ojos y pelo claro, con una mirada muy dulce, voz pausada no tanto como la de Pepe, extremadamente buena y cariñosa. Congeniábamos muy bien y me gustaba ir con ella a todas partes. Sus cualidades eran hacer reír a la gente: un poco payasa y le encantaba el arte dramático y hablar, fue locutora de Radio Villacarrillo y en la actualidad con sus más de 70 años pasa su tiempo libre contando cuentos en Radio Villalba. Se disfrazaba de cualquier cosa sobretodo de bruja y de fantasma con lo que muy malos ratos me hizo pasar. .

Se casó con un irlandés llamado Keneth (le llamábamos Ken), muy parecido en algunas cosas a nuestro padre, especialmente en el egoísmo, el mal genio y la poca capacidad o ilusión de labrarse un futuro seguro en la vida, a pesar de que alimentó a siete hijos y siempre tenían para vivir, fue una incógnita saber de donde sacaba los medios para subsistir porque nunca supimos a que se dedicaba.

De mis sobrinos solo recuerdo el nombre de Elena la mayor, Margarita que fue mi aijada y al resto le pusieron nombres ingleses que se me han olvidado.




ENRIQUE "Quique"

Enrique 23 años

Enrique era el penúltimo y aunque me sacaba siete años fue para mi como el mejor amigo y compañero de juegos, es con el que más contacto he tenido ya que hemos convivido más tiempo juntos, le respetaba mucho porque era mayor, a veces me hacía rabiar pero me sacaba de buenos apuros y siempre me defendía cuando alguien intentaba pegarme solicitando su ayuda.
Siendo niño sufrió un accidente, que al igual que a Carmen por la carencia de médicos (le pilló en plena guerra civil) o quizás debido a una mala curación quedó impedido de una pierna pero a pesar de su invalidez era fuerte como un toro y un gran atleta: corría como una gacela, nadaba como una nutria y trepaba a los árboles como un mono. En ocasiones se cachondeaba de mí porque no era capaz de seguirle nadando, corriendo o a subir a la rama más alta, y me pillaba unos cabreos espantosos pues siempre he tenido muy mal perder.
Quique, como familiarmente le llamábamos era un chico alegre, responsable y muy inteligente, a pesar de no haber cursado casi estudios escolares siempre se valió por sus propios medios para aprender las cosas. También es muy mañoso para todo tipo de manualidades, especialmente el dibujo, la pintura y el diseño. Le debo mucho de mis conocimientos pictóricos y otras cosas que de él me ilustré. Trabajó de aprendiz con un maestro francés en la restauración, de escaparatista, de dibujante en unos estudios de televisión, en diseño de modas y en infinidad de cosas, porque siempre supo buscarse la vida como el mejor.
También se casó y tiene dos hijas: Belén y Beatriz.
Siempre fue muy cariñoso y el que más acercamiento mantuvo con la familia.
Yo con 12 años

Y por último llegó el Benjamín de la casa o “ULTIMO MONO” como me decía mi padre y me sentaba fatal cada vez que lo oía porque siempre era para regañarme o recriminar algo que había hecho mal. Recuerdo perfectamente cuando muy a menudo repetía: (si ahora levantara la cabeza...) a veces he llegado a pensar que a mí, en particular, no me tenía ningún cariño, nunca recuerdo que me diera un beso o alguna prueba de afecto, quizás llegué a destiempo y en un momento no deseado para él, también he llegado a pensar que no profesaba cariño por ninguno de sus hijos especialmente los varones ni siquiera por su propia esposa, ya que, en su libro de poesías dedicó varias a sus tres hijas y ninguna he conocido dedicada a los hijos ni a su consorte.










Plazuela de La tercia, donde mi madre Otra callejuela cerca de la plaza

me mandaba a comprar el carbón




Calle de las monjas donde estaba el primer colegio al que asistí.

De mi más corta infancia recuerdo muy poco como imagino nos pasa a todos. Lo más claro y distante que se me presenta en mi memoria es que en una ocasión me picó una avispa y alguien me puso barro en la herida para que se calmase el dolor; quizás tenía unos dos o tres años. También recuerdo la primera vez que fui al colegio, era una especie de guardería regentada por monjas Carmelitas que vestían totalmente de blanco, con una toga o especie de cubrecabezas del mismo color, muy amplio formando un largo pico a cada lado, siempre pulcramente limpias, llevaban una especie de cinturón ancho del que colgaba un rosario con una cruz en el extremo que nos obligaban a besar cuando nos acercábamos a ellas. En el mismo edificio había otras clases de grados superiores, también un hospital y una iglesia que la denominaban “la iglesia de las monjas”. Un gran patio de recreo y otro con espléndidos jardines que nos estaba prohibido. Nuestra aula era muy grande y con muchos pupitres, al fondo y sobre una especie de tarima elevada estaba la maestra o cuidadora que se llamaba Sor Cecilia y era muy dulce y cariñosa. A los niños que se portaban mal los castigaba a hacer labores propias de las niñas o viceversa, a mí me toco en más de una ocasión estar bordando en una especie de bastidor, aguja hacia dentro y luego para fuera, hasta que terminabas un dibujito o te levantaba el castigo. A los que se portaban bien les obsequiaba con recortes de Sagrada Forma, que era una especie de olea sin olor ni sabor, pero a nosotros aquello nos parecía algo muy importante y sagrado. Había otras monjas que no eran tan buenas y zurraban de lo lindo, su especialidad era dar pellizcos retorcidos y tirones de las orejas que a veces nos hacían sangrar.


Es de suponer que de muy pocas cosas me puedo acordar a la edad de 6 a 8 años, no obstante recuerdo algunos por los recados que mi madre me mandaba hacer y especialmente comprando en los carritos de chuches.

Tengamos en cuenta los sueldos y jornales que por aquellos tiempos se pagaban.

Un jornalero por los años 40 ganaba unas 3 pesetas diarias.

Un funcionario ganaba unas 150 pesetas al mes

Un barrendero ...................... .80 “ “

Un alguacil (policía local).......120 “ “

Un maestro titular...................180

El médico local.......................250 “ “


Como ejemplo puedo detallar algunos de los precios más frecuentes:

Carbón .................................0.25 pts. 1 kg.

Naranjas................................0.50 “ “

Azúcar...................................1.50 “ “

Aceite de oliva.......................1.75 “ “

Harina....................................1.20 “ “

Café.......................................3.00 “ “

Vino.......................................0.75 pts litro

Leche....................................0.50 “ “

Un chato de vino en un bar...0.25 “

Un café en un bar normal....1.00 “

Un caramelo..........................0.05 “

Un chicle................................0.10 “

Una bolsa de pipas................0.05 “

Entrada al cine (gallinero)...0.30 pts.

Entrada al cine butaca.........0.50 “

Unas alpargatas...................5.00 “

4 fotos de carné...................10.00 “

Un par de zapatos de niño muy normalitos podría llegar hasta 50 pesetas

Y un traje confeccionado en una de las sastrerías del pueblo hasta 200.

Un balón de futbol reglamentario podría costar hasta 50 pesetas, los juguetes para el día de Reyes (era la única ocasión que se compraban juguetes), resultaban totalmente prohibitivos para gentes humildes como nosotros, solo reservado a los ricos.

Nunca olvidaré la envidia que pasaba al ver a pocos niños que calzaban zapatos de la marca GORILA , que al comprarlos les regalaban una pelotita pequeña de goma. Yo calzaba alpargatas en verano y unas buenas botas de cuero que me mandaban mis hermanas de Madrid y las untaba con manteca de cerdo para que aguantaran mejor las inclemencias del tiempo; los calcetines siempre heredados de mis mayores, remendados y la mayor parte del tiempo con grandes agujeros.

Para comprar unos zapatos cualquier persona humilde debería trabajar más de diez días.


Imaginad lo que tenía que hacer por ejemplo un obrero para comer una familia de 4 miembros ganando tres pesetas diarias, al ama de la casa solía cocinar un único plato para todo el día, normalmente compuesto por un potaje de legumbres o patatas acompañado de verduras y muy poca carne, en alguna familia que disponían de granja, de vez en cuando se sacrificaba un ave de corral o conejo, siempre en contadas ocasiones y por el motivo de alguna celebración.

Recuerdo que en muchas ocasiones mi desayuno se basaba en un mendrugo de pan duro del día anterior y cuando las cosas marchaban mejor se hacía un café de malta o cebada torrefactada; el café puro resultaba prohibitivo incluso para gente pudiente.


La gran dificultad existente en aquellas fechas que duró aproximadamente diez años, desde el fin de la guerra hasta casi 1950, era el sistema de racionamiento de alimentos de primera necesidad; los precios que he reseñado anteriormente se podían disparar diez veces comprados de estraperlo.

A la salida y entrada de los pueblos existía un control municipal donde se fiscalizaban las entradas y salidas de productos especialmente alimenticios, por lo que muchos estraperlistas tenían que recorrer grandes trechos dando rodeos a la entrada de las ciudades para evitar ser controlados y no tener que pagar los elevados impuestos o se los requisaban.

Imaginad que la picaresca estaba a la orden del día; en una ocasión timaron a mi padre que le vendieron una garrafa de aceite, que aún siendo excesivamente caro le endosaron un recipiente con agua y algo de aceite en la superficie y a pesar de que el comprador introducía el dedo para comprobar su contenido; cuando llegó a casa y al traspasarlo a unas botellas comprobaron el timo con gran decepción, que no se podía denunciar por estar prohibido tanto para el vendedor como para el comprador.










De mi más corta infancia recuerdo muy poco como imagino nos pasa a todos. Lo más claro y distante que se me presenta en mi memoria es que en una ocasión me picó una avispa y alguien me puso barro en la herida para que se calmase el dolor; quizás tenía unos dos o tres años. También recuerdo la primera vez que fui al colegio, era una especie de guardería regentada por monjas Carmelitas que vestían totalmente de blanco, con una toga o especie de cubrecabezas del mismo color, muy amplio formando un largo pico a cada lado, siempre pulcramente limpias, llevaban una especie de cinturón ancho del que colgaba un rosario con una cruz en el extremo que nos obligaban a besar cuando nos acercábamos a ellas. En el mismo edificio había otras clases de grados superiores, también un hospital y una iglesia que la denominaban “la iglesia de las monjas”. Un gran patio de recreo y otro con espléndidos jardines que nos estaba prohibido. Nuestra aula era muy grande y con muchos pupitres, al fondo y sobre una especie de tarima elevada estaba la maestra o cuidadora que se llamaba Sor Cecilia y era muy dulce y cariñosa. A los niños que se portaban mal los castigaba a hacer labores propias de las niñas o viceversa, a mí me toco en más de una ocasión estar bordando en una especie de bastidor, aguja hacia dentro y luego para fuera, hasta que terminabas un dibujito o te levantaba el castigo. A los que se portaban bien les obsequiaba con recortes de Sagrada Forma, que era una especie de olea sin olor ni sabor, pero a nosotros aquello nos parecía algo muy importante y sagrado. Había otras monjas que no eran tan buenas y zurraban de lo lindo, su especialidad era dar pellizcos retorcidos y tirones de las orejas que a veces nos hacían sangrar.

Es de suponer que de muy pocas cosas me puedo acordar a la edad de 6 a 8 años, no obstante recuerdo algunos por los recados que mi madre me mandaba hacer y especialmente comprando en los carritos de chuches.
Tengamos en cuenta los sueldos y jornales que por aquellos tiempos se pagaban.
Un jornalero por los años 40 ganaba unas 3 pesetas diarias.
Un funcionario ganaba unas 150 pesetas al mes
Un barrendero ...................... .80 “ “
Un alguacil (policía local).......120 “ “
Un maestro titular...................180
El médico local.......................250 “ “

Como ejemplo puedo detallar algunos de los precios más frecuentes:
Carbón .................................0.25 pts. 1 kg.
Naranjas................................0.50 “ “
Azúcar...................................1.50 “ “
Aceite de oliva.......................1.75 “ “
Harina....................................1.20 “ “
Café.......................................3.00 “ “
Vino.......................................0.75 pts litro
Leche....................................0.50 “ “
Un chato de vino en un bar...0.25 “
Un café en un bar normal....1.00 “
Un caramelo..........................0.05 “
Un chicle................................0.10 “
Una bolsa de pipas................0.05 “
Entrada al cine (gallinero)...0.30 pts.
Entrada al cine butaca.........0.50 “
Unas alpargatas...................5.00 “
4 fotos de carné...................10.00 “

Un par de zapatos de niño muy normalitos podría llegar hasta 50 pesetas
Y un traje confeccionado en una de las sastrerías del pueblo hasta 200.
Un balón de futbol reglamentario podría costar hasta 50 pesetas, los juguetes para el día de Reyes (era la única ocasión que se compraban juguetes), resultaban totalmente prohibitivos para gentes humildes como nosotros, solo reservado a los ricos.
Nunca olvidaré la envidia que pasaba al ver a pocos niños que calzaban zapatos de la marca GORILA , que al comprarlos les regalaban una pelotita pequeña de goma. Yo calzaba alpargatas en verano y unas buenas botas de cuero que me mandaban mis hermanas de Madrid y las untaba con manteca de cerdo para que aguantaran mejor las inclemencias del tiempo; los calcetines siempre heredados de mis mayores, remendados y la mayor parte del tiempo con grandes agujeros.
Para comprar unos zapatos cualquier persona humilde debería trabajar más de diez días.

Imaginad lo que tenía que hacer por ejemplo un obrero para comer una familia de 4 miembros ganando tres pesetas diarias, al ama de la casa solía cocinar un único plato para todo el día, normalmente compuesto por un potaje de legumbres o patatas acompañado de verduras y muy poca carne, en alguna familia que disponían de granja, de vez en cuando se sacrificaba un ave de corral o conejo, siempre en contadas ocasiones y por el motivo de alguna celebración.
Recuerdo que en muchas ocasiones mi desayuno se basaba en un mendrugo de pan duro del día anterior y cuando las cosas marchaban mejor se hacía un café de malta o cebada torrefactada; el café puro resultaba prohibitivo incluso para gente pudiente.

La gran dificultad existente en aquellas fechas que duró aproximadamente diez años, desde el fin de la guerra hasta casi 1950, era el sistema de racionamiento de alimentos de primera necesidad; los precios que he reseñado anteriormente se podían disparar diez veces comprados de estraperlo.
A la salida y entrada de los pueblos existía un control municipal donde se fiscalizaban las entradas y salidas de productos especialmente alimenticios, por lo que muchos estraperlistas tenían que recorrer grandes trechos dando rodeos a la entrada de las ciudades para evitar ser controlados y evitar los elevados impuestos o requisas.
Imaginad que la picaresca estaba a la orden del día; en una ocasión timaron a mi padre que le vendieron una garrafa de aceite, que aún siendo excesivamente caro le endosaron un recipiente con agua y algo de aceite en la superficie y a pesar de que el comprador introducía el dedo para comprobar su contenido; cuando llegó a casa y al traspasarlo a unas botellas comprobaron el timo con gran decepción, que no se podía denunciar por estar prohibido tanto para el vendedor como para el comprador.

PRIMERAS MONEDAS QUE PASARON POR MIS MANOS


PRIMERAS MONEDAS QUE PASARON POR MIS MANOS
Se supone que este nombre fue dado debido a que la gente confundió al león con una perra. A la moneda de cinco céntimos la llamaban “perra chica o perrilla”
Retiradas de la circulación pero en algunos establecimientos aún eran admitidas.
Posteriormente se utilizaban como pesas en las básculas de la época, dado que pesaban exactamente 10 gramos en cobre de escaso valor, el resto pasó a mano de los chatarreros que las vendieron a las fundiciones de donde se secaron los miles de kilómetros de cableado existente en la red eléctrica y telefónica española
Tirada de 170 millones de monedas
Su valor actual totalmente nueva sin circular puede alcanzar las 20 mil pesetas
Acuñada en Barcelona en 1870



Moneda conocida popularmente como “Amadeo” acuñada en Madrid en 1871 con una tirada de 12 millones de monedas. El que poseía monedas de estas era verdaderamente muy rico. En la actualidad son escasísimas pudiendo alcanzar en el mercado numismático hasta 25 millones de pesetas sin circular y 20 en buen estado de conservación. Su tamaño real es de 35 mm de diámetro.
Es comprensible que ésta moneda nunca pasó por mis manos y jamás fue vista por mis ojos ni por nadie de mi familia, prácticamente estaba retirada de la circulación y se utilizaba para transacciones financieras de gran envergadura y a pesar de ser su valor de cien pesetas su valor real se tasaba por su peso y precio en “oro”.
Cuentan que en la Guerra Civil los comunistas cuando tomaron Madrid entraron en el Banco de España, donde bajo el gran edificio se encontraban las cajas fuertes y blindadas que fueron reventadas con dinamita y enviaron a Moscú varios trenes cargados de oro, especialmente con monedas de éstas y en lingotes.

ESTADO ESPAÑOL

Monedas de curso legal que pasaron por mis manos desde el año que nací hasta la entrada del euro.




Todas estas monedas estuvieron en circulación hasta la llegada del euro, aunque con el reinado de Juan Carlos I se retiraron la mayoría pero continuaron circulando mezcladas.

JUAN CARLOS I

Con el reinado de Juan Carlos I salieron muchas monedas parecidas a las anteriores pero con la esfinge del Rey, con excepción de algunas que pongo a continuación


BILLETES QUE PASARON POR MIS MANOS HASTA LA ENTRADA DEL EURO EL 1 DE ENERO DE 2001

Muy pocos fueron los billetes que pasaron por mis manos, normalmente los de 1-2-5-25-50 y 100 pesetas.
Los superiores a éstas cantidades circulaban escasamente resultando prácticamente imposible encontrar cambio, especialmente de 1000 pesetas.
Los primeros billetes fueron emitidos en el reinado de Carlos III el 1 de marzo de 1783

Doscientos Reales de vellón

Por su curiosidad y trascendencia histórica pongo aquí el primero emitido en Madrid el 1 de marzo de 1783.

Su precio actual en el mercado numismático puede alcanzar hasta tres millónes de pesetas en Excelente estado de conservación , no se conoce el precio del billete que no ha circulado por no haberse encontrado ninguno. En caso de aparecer alguno su precio podría ser incalculable.

Su leyenda resulta ilegible en algunas palabras por lo que deduciendo se puede apreciar que es un cheque al portador con una fecha estipulada para el cambio en efectivo y fecha de emisión, es muy posible que no se pudiera realizar el cambio después de caducadas las fechas convenidas.


Doscientos Reales de vellón
Por su curiosidad y trascendencia histórica pongo aquí el primero emitido en Madrid el 1 de marzo de 1783.
Su precio actual en el mercado numismático puede alcanzar hasta tres millónes de pesetas en Excelente estado de conservación , no se conoce el precio del billete que no ha circulado por no haberse encontrado ninguno. En caso de aparecer alguno su precio podría ser incalculable.
Su leyenda resulta ilegible en algunas palabras por lo que deduciendo se puede apreciar que es un cheque al portador con una fecha estipulada para el cambio en efectivo y fecha de emisión, es muy posible que no se pudiera realizar el cambio después de caducadas las fechas convenidas.

Posteriormente hacia 1845 se emitieron billetes, recibos, cheques y vales en distintas provincias, reinados, gobiernos y repúblicas de los que algunos de los últimos continuaron circulando hasta el ESTADO ESPAÑOL hasta el 12 octubre de 1937 que se emitieron los primeros en plena Guerra Civil en la capital provisional de Burgos.
Fueron retirados de la circulación en etapas distintas por la emisión de nuevos hasta la entrada del euro que se retiraron todos definitivamente.

Solo pongo aquí algunos más significativos que circularon desde que nací hasta el euro.

BILLETES PEQUEÑOS

Como curiosidad señalo aquí que un duro como el de la izquierda fue la primera paga que recibí del ejército el 20 de marzo de 1957. Se le llamaba “El duro del piojoso”, posiblemente por las greñas del personaje o de la mala calidad del papel por lo que siempre estaba muy usado. Era muy corriente ver en circulación billetes remendados con hilo y aguja, con grapas y hasta con papel pegado uniendo sus desperfectos

BILLETES MEIANOS



Los prieros billetes que se imprimieron recien terminada la guerra en Burgos capital provisional.

SERIE DE BILLETES GRANDES DE MI ÉPOCA